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viernes, 23 de diciembre de 2011

"No me arrepiento de lo que hice"

Esto lo escribí en el 2005 en www.ysinofueraasi.blogspot.com

Hace cuatro años, más o menos a esta hora, yo caminaba por el asfalto de la Avenida Corrientes festejando el escape de De la Rua. Se podía ver los frentes de algunos negocios destrozados, y todavía algunos aprovechaban para llevarse algún recuerdo a sus casas.
Había sido un día increíble. Ese es el adjetivo que mejor lo define.
Había sentido la adrenalina de correr por Diagonal Norte tirándole piedras a la policía montada; había sentido el miedo en la nuca al volver la carga de esos mismos que instantes antes se retiraban; había sufrido el ardor más fuerte que nunca sentí en mis ojos y había agradecido como nunca a alguien que sin pensar por qué me había tendido una mano con unas rodajas de limón; había visto heridos de bala por primera vez en mi vida; había sentido la desilusión con un amigo que en momentos difíciles escondió la cabeza como el avestruz; me había estremecido al sentir la muerte muy de cerca, cuando los rumores me pisaban los talones; me había emocionado mientras los motoqueros giraban alrededor del obelisco agitando una bandera argentina en medio de la gente y la humareda inmanente. El recuerdo es ese, el del humo flotando por doquier.
Y encima, todo había empezado menos de 24 horas antes, cuando en la noche del 19 enfilé para la Plaza de los dos Congresos, porque de la Plaza de Mayo a la gente ya la habían rajado a palos y gases. Me encontré con una multitud cantando cánticos que hacía y hago parcialmente míos, y subí a las escalinatas del Congreso, donde minutos después la policía casi mata a un tipo. Y después lo mismo: corridas, la policía tirando cantidades celestiales de gas lacrimógeno, un encuentro casual con Miguel Bonasso en Avenida Callao y Bartolomé Mitre, y el regreso a casa con la noticia de que Cavallo renunciaba y la sensación de que, efectivamente, al estado de sitio se lo metían en el culo.
Cuando pienso en todo esto desde este aquí y ahora no me arrepiento de lo que hice. Puedo sí, admitir que mi lectura política no fue la más acertada, pero creo que la experiencia que vivimos todos los que estuvimos ahí -tanto el 19 como el 20- fue increíble.
Como no reniego de eso, y tal vez puesto hoy en esa situación haría lo mismo (o mucho más), me parece adecuado recordar una situación con rasgos parecidos, sobre todo en cuanto a la valoración de la acción como herramienta de auto y exo transformación: el mayo francés.
Ahora estoy apurado, pero mañana intentaré subir algunas frases, ideas y exabruptos que surgieron de aquella experiencia novedosa, cuyos ecos todavía resuenan en cualquier acción política que pueda iniciarse desde un claustro estudiantil.

Lucía Decotto

sábado, 17 de diciembre de 2011

"Una chica venezolana me llenaba de preguntas que no supe responder"

El 19 de diciembre de 2001 me había levantado relativamente temprano. Tenía 16 años y trabajaba de telefonista en una remisería del barrio de Caballito. La crisis económica ya se había hecho sentir bastante en la Ciudad y no era negocio tomarme el colectivo hasta allá considerando el patético sueldo que cobraba, generalmente en Patacones o Lecops. Por ese motivo me había ido en bicicleta, como tantos otros días y muy a pesar de las advertencias de mi madre que estaba bastante alterada por los saqueos que mostraban en la tele. Ese día hubo muy poco trabajo y me la pasé, junto a varios choferes, mirando la tele.

A falta de celulares, cuando terminó mi horario me fui directamente a la casa de una amiga, que vivía a unas cuadras. La discusión fue inevitable: Yo quería ir a Plaza de Mayo y ella no. El paso por su casa fue breve… El trayecto hasta el centro no tanto… Muchos vecinos se estaban juntando en las calles, estaba lleno de policías y había varios cortes. Nunca llegué hasta la plaza, realmente no tengo registro de la hora. Había gente, bastante a pesar de los rumores de represión que se escuchaban a viva voz mientras ibas por la calle. Ya me había intimiaddo bastante la presencia de policías a caballo... No era algo que se viera frecuentemente. En algún momento de mi trayecto me encontré con una marejada de personas corriendo en dirección contraria. Debo confesar que mi inexperiencia absoluta en marchas contribuyó a que me asuste con facilidad y de media vuelta. 

Llegar hasta Villa Devoto, barrio en el que vivía, fue aún más complicado, aún llegando a Paternal había una enorme cantidad de vecinos juntándose y cortando las calles. Esa noche me quedé hasta muy tarde con la tele y la compu. Me acuerdo de estar chateando con una chica venezolana que me llenaba de preguntas que no podía responderle. El Jueves 20 también quise ir a Plaza de Mayo, pero me quedé por la zona del Congreso, que estaba muy llena de gente. Había llevado mi cámara de fotos, una de rollos de 110. Recuerdo un par de fotos interesantes que presté en algún momento del 2002 y nunca volví a ver. Igualmente volví a mi casa temprano y seguí el minuto a minuto por televisión.

Ivana Daniela Luna

Caminando desde Floresta hasta Congreso

Toda la noche peleando. El 19 de diciembre, a eso de las 20 hs llegó a Floresta la oleada de cacerolazos. Inmediatamente salí con mi familia y mi hija de un año a la calle. Mucha gente caminaba hacia Rivadavia. Me sumé. Cuando llegamos la esquina estaba llena de autoconvocados, con carteles, golpeando todo tipo de objetos. Un aimagen hermosa que no olvidaré. Se armaban pequeñas reuniones. Recordé aquella idea leninista del Tribuno. Me acerqué a un grupo de muchachos. Charlamos un rato. Les propuse que encaráramos para el centro. Que seguro la Plaza de Mayo estaba llena, que debíamos estar allá. Los rumores de represión nos animaron. Vaciamos un conteiner de basura, todos con palos en las manos y encaramos por Rivadavia. La columna fue creciendo. En Flores éramos tres cuadras. Cuando llegamos a Acoyte fuimos miles. Ahí descubrimos que del Normal 4 habían sacado cientos de pupitres rotos. Nos tomamos unos minutos para terminar de desarmarlos y mejorar nuestro “armamento”. No quedó nadie sin su caño en la mano. Avanzábamos gritando, golpenado, listos para lo que fuese. De los balcones nos apaludían, nos convidaban gaseosa y comida los vecinos que se nos acercaban. Éramos muchos Miles.
Llegamos a Congreso. Un tiempo después vi la imagen de nuestra entrada por TV. IMPRESIONANTE. Nos recibieron con aplausos. Saltamos las vallas del congreso, golpeábamos sus enormes puertas. Ahí llegó la confusión total. Aparecieron decenas de motos negras, con dos policías vestidos de negro cada una disparando plomo. La desbandada fue total. Al otro día leí en el diario que en las escalinatas cayeron un par. Escapamos, y nos defendimos de la salvaje policía, toda la noche. Corríamos contramano, contraatacábamos, nos escondíamos, armábamos barricadas. Aprendiámos para la próxima vez.
A las seis de la mañana pedí una moneda y llamé a mi esposa para decirle que estaba bien. Que iba para casa. Pedí más plata y me tomé el 5 para volver al barrio. Me bañé, fui a trabajar a la escuela. Y después a seguir peleando en AV. Corrientes y 9 de julio.
Creía que todo iba a cambiar.

Dedicado al compañero Negro, que cambió mi vida ara siempre.

Alegandro Sciarillo, @alescriarrillo