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martes, 20 de diciembre de 2011

"Fue la primera vez que canté el himno con emoción"

soy de caseros, el 19 iba ir al centro, para ayudar a una amiga en un festival de danza, no pudimos porque ya habían empezado los saqueos, nos quedamos mirando la tele todo lo que pasaba, luego volví a mi casa con miedo, observando todos los comercios cerrados, algunos se notaba que habían querido entrar para saquearlos, esa noche fui a un cacerolazo en el centro de mi barrio, recuerdo que cuando termino la asamblea todos los vecinos cantamos el himno nacional en medio de la avenida, creo que fue la vez que para mi cantar el himno fue tan emotivo más tarde participe en otro, esa noche en casa mirabamos en la tv todo lo que pasaba en la plaza de mayo, al otro día cerca del mediodía mi mamá y yo nos decidimos a ir a la plaza con todos, pero cuando vimos los disturbios decidimos quedarnos, la tele no se apago en todo el día, recuerdo que me fuí a dormir un rato a la tarde, me sentía muy mal por todo lo que pasaba, un rato después alrededor de las 18 me desperte y anunciaban de que el presidente renunciaba, vi como todos el helicoptero volando sobre la rosada y la gente muriendo en la plaza en manos de los policias, esa noche fuí al última en acostarme a dormir no podía despegar los ojos de la pantalla del televisor, y luego me puse a llorar, por todo lo que estabamos viviendo y por todo lo que se venía.


Mariela Fernanda Urigoytea

Aún me cuesta creer que "eso" pasó

Solo 15 años, pero lo viví con bastante compromiso. Era una tarde calurosa, en la plaza principal de Lujan; nos divertíamos con una amiga hasta que el miedo de los comerciantes penetró nuestra inocencia. Los saqueos que veíamos por tele, estaban en nuestra ciudad también. Recuerdo el miedo.
Recuerdo también lo que vino después, lo que fue lento pero que penetraba hondo. Una madre docente y un padre recientemente despedido de un sindicato de gastronómicos (entre las tantas paradojas). El miedo a los sueldos de centavos que llegaban sorpresivamente. La bicicleta para ir al colegio, incluso en días de lluvia, porque la única empresa de colectivos ya había desaparecido. Los trueques que se transformaron en el sistema paralelo de millones y en los que algunos podíamos jugar a ser burgueses, aunque sin dolares. La economía de guerra, solo que sin guerra (o si?). Una madre jefa de familia. El temprano despertar de mi vocación, marcado por el triste contexto (lo poco que puedo agradecer). Las asambleas de docentes en mi ciudad a las que asistía acompañando a mi madre y las marchas posteriores por las calles de un pueblo que miraba con hipocresía.
Hoy, miro hacia atrás con miedo. Pero también con sorpresa, porque aún me cuesta creer que "eso" pasó en mi país. Que "eso" fue real.
Y miro el pasado de reojo, para asegurarme de que está ahí, quietito. Porque sé que a "eso", no quiero volver.

Silvana Pérez

"Si mi papá estuviera acá viendo todo esto..."

Yo tenía 28 años y no recuerdo si estaba en algún lugar en particular o en mi casa, ni qué estaba haciendo.Lo que sé es que era un año triste y diferente, porque había fallecido mi papá a principios de ese año.Y nos estábamos habituando a la ausencia y acomodando en una familia donde sólo éramos tres.Una hermana vivía en EEUU y solíamos ayudarla económicamente, a partir de este día y con la crisis económica y la devaluación que vino, no pudimos enviarle más dinero.Pero ese día seguro yo miraba por tv los acontecimientos, y pensaba "si mi papá estuviera acá viendo todo esto".

Carolina Murillo

"Qué pasa, tanto ruido. Se va a despertar el bebé"

En efecto, la noche del 19 de diciembre nos encontró a mí y a mi señora intentando salir de la habitación donde recién se dormía, en ese entonces, nuestro bebé. De repente, entre la tele que estaba puesta en canal 13 "TN Investiga", en directo desde Constitución (a unas cuadras nomás de casa) donde María Laura Santillán y Juan Michelli intentaron elaborar un programa relacionado con los saqueos; y el espontáneo concierto de cacerolas... todo cambió.

El 20 de diciembre arrancó siendo un conjunto de sensaciones. Yo me encontraba haciendo un balance de un año en el que cayeron las torres gemelas, la invasión a Afganistán, los saqueos y el pobre coreano que se suicidó (víctima de su propia impotencia), la empresa en la que me encontraba trabajando en convocatoria de acreedores (víctima de la actualidad económica, pero más aun de un vaciamiento realizado por el Excell Group, Musimundo), y para rematarla, De la Rua anunciando el estado de Sitio. Qué revolución que había dentro de mi cabeza! Cuántas sensaciones.

De repente una contradicción matadora: "Yo te voté De la Rúa, para sacarlo a Menem... y así nos pagás". Qué sentimiento de angustia!

Recuerdo algún amigo preguntándome si me sumaba a la movilización. Debo reconocer que, junto con mi mujer, coincidimos en no ir dadas las impresionantes imágenes de represión que mostraba la televisión. No me arrepiento de nuestra decisión, pues fue para no exponernos en función de que nuestro primer hijo era muy bebito.

A 10 años, pocas cosas parecen haber cambiado. Seguimos pidiendo respuestas. Muchas caras desagradablemente conocidas siguen estando. "Que se vayan todos, que no quede ni un solo" de quienes le hicieron esto a mi país.
Marcelo Maqueda, @marcelomaqueda, Libres del Sur Comuna 4

"Estaba en el shopping del Abasto"

Tenía 21 años y venía transitando una difícil situación personal, tanto por la economía de mi familia como por "cuestiones del corazón". Si, estaba rompiendo con un novio de varios años... asi que, un poco metida en mis cosas, intentamos juntarnos con mis amigas en la casa de una de ellas que vivia sola y recuerdo que mi mamá me dijo lo del estado de sitio, asi que se canceló la reunión. El día 20 me junté con una amiga en el shopping Abasto y, después de estar horas alejadas de la realidad, se nos ocurrió salir. Fue en ese momento cuando vimos en la tele de un bar de la vuelta que el presidente había renunciado y ya empezamos a notar cómo las calles que descongestionaban el centro estaban saturadas de vehículos. Caminamos hasta Av. Córdoba, corrimos colectivos repletos de gente que nunca nos pararon, taxis ocupados, toda la gente que intentaba salir del centro lo antes posible. No recuerdo cómo, nos cayó un taxi vacío y pudimos llegar a casa. El resto, lo miré por TV.

Paula Gallardo

"Nunca más violencia en Argentina"

Me acuerdo que eran días muy raros. Me acuerdo que días antes estaba en mi casa viendo la tele y empecé a escuchar gente que golpeaba sus cacerolas con fuerza. La gente que estaba arriba de sus autos tocaba la bocina con bronca. Bronca es la palabra que la gente sentía al ver cómo el país se estaba viniendo abajo. El 20 de diciembre yo estaba en la casa de mi prima, ya que como todos los años festejamos Navidad en su domicilio, yo iba días antes y me quedaba hasta luego de las fiestas que volvía a mi casa. Eran mis mini vacaciones. Como todas las tardes, salíamos por el barrio a caminar. Pero ese 20 de diciembre fue distinto. Nos encontrábamos cerca de un mini mercado de la zona, cuando de repente, vimos como la gente salía por todos lados, cual hormigas cuando perciben la presencia de azúcar. Iban directo al mini mercado con el fin de sacarle hasta la última lata de comida que encontraban en su paso. Con mi prima veíamos anonadadas la situación. Teníamos 13 y 11 años (mi prima y yo respectivamente) En ese momento, claro está no entendíamos nada. Volvimos a casa, y vimos por la tele el desastre que estaba ocurriendo en plaza de mayo, alrededores... y no tan alrededores (no nos olvidemos de los 3 chicos de floresta asesinados a mansalva en la estación de servicio de la calle Bahía Blanca) Mientras De la Rúa declaraba el estado de sitio (que tanto mal le hace a los argentinos esa frase)y se escapaba por helicóptero, Cavallo restringía el retiro de la plata de la gente de los bancos y la policía criminal mataba a cualquiera que se le interpusiera en el camino, yo, una nena, no entendía nada. Pasaron 5 presidentes en una semana. Todavía no caigo. Hoy 10 años después, con 21 años, puedo decir que analizo cada situación que pasa en el país. Los pro y los contras de los gobiernos de turno. Creo que todos podemos decir que nos gusten o no, estamos en democracia, y cada uno de ellos ganó con el voto de la gente. Creo que de eso debemos estar agradecidos. Creo que no hay que volver a pasar por lo que pasamos por el 2001, creo que no hay que pedir que se vayan todos, pensemos: se fueron, y dejaron un desastre casi imposible de recuperar. Se logró? no lo se. 10 años no son nada, las heridas todavía no sanaron, y son tan profundas que dudo mucho que sanen pronto. Este país sufrió de muchas injusticias, la sociedad padeció todos los males. La clase baja y la media son las mas castigadas. Hoy en día me animo a decir que la clase media es la que más sufre y la que más padece los conflictos gubernamentales entre el oficialismo y la oposición. Puede ser que con todo lo que sufrimos, con toda la historia que tenemos encima, no hayamos aprendido? Puede ser que el gobierno y la oposición se unan y construyan un país en serio? Creo que ya es hora, que los argentinos abramos los ojos, que los gobiernos dejen de mentirle a la gente y se comporten como verdaderos representantes del pueblo, y defiendan a su gente ante cualquier acto de injusticia. es hora que "NUNCA MAS" deje de ser una frase hecha, y empiece a ser implementada, que se cumpla, que se respete. Que los muertos que quedaron en la lucha por un país mejor no hayan sido en vano. Luchemos y peleemos por lo que nos corresponde: Un país JUSTO, SEGURO y aquel en el que el gobierno de turno haga lo que tiene que hacer y que diga NUNCA MAS violencia en ARGENTINA! 


lunes, 19 de diciembre de 2011

En otro mundo

Erase una Vez.... Once Upon a time... El 19 de diciembre del 2001 me encontraba en la facu de Sociales, en Parque Centenario rindiendo PCPC, o para los que no saben, Principales Corrientes del Pensamiento Contemporaneo, me estaba firmando la libreta el Queridísimo, inteligente, sabio (no me alcanzan las palabras) Nicolás Casullo.
En ese mismo instante, entra un gordo de seguridad, por qué será que siempre son gordos?... y nos dice: -"La facultad queda cerrada, se suspenden los finales hasta febrero".... la cara de los pibes rindiendo, no me la borro más de la cabeza. Sin embargo, no entendí mucho y feliz con mi 7 en la libreta, partí a la puerta. De golpe, me encontré con la facu cerrada, pero pequeño detalle, nos dejaron adentro!!!
Minutos después, luego de pelear con los de seguridad, quienes nos decian que era más seguro quedarnos adentro... pregunta... qué miercole pasa??? logro salir, y camino hacia la Av Corrientes, veo todos los negocios cerrados, y lo que no podía entender es que eran las 15hs de un día hábil. La china, del super camino a Corrientes estaba mirando por una rendija pequeña... la verdad no entendía nada de lo que pasaba...
Cuando quise tomarme el 92 para ir a Flores, donde vivía en ese momento, me doy cuenta de que no podía subirme a ningún colectivo porque todas las personas venía colgando hasta la puerta. En ese momento se me ocurrió una idea brillante, caminar unas cuadras para agarrar al bondi de paradas anteriores, lo cual fue imposible!!! era lo mismo... la gente corría para todos lados, era raro ver la Av Corrientes toda cerrada, y los autos tocando bocina...
Así fue que, como no tenía celular, creo que casi nadie... llamé por cobro revertido a mamá para contarle que había aprobado y que no podía volver a casa... cuando la llamó me dice: -"¿A dónde estás???? no sabés lo que pasa???"; a mi respuesta... -"nop".... así que me resumió en comodas palabras lo que sucedia... y tomé la decisión de caminar, desde Medrano y Corrientes hasta Av Eva Perón y Membrillar, allá cerca del bajo Flores.. cuando llegué a casa y vi la Tele pude comprender lo que pasaba....

Angie Venditti

"La noche más larga de mi vida"

La noche del 19 y el 20 fue la noche mas larga de mi vida.
En esa época tenía un bar o creí tenerlo. Pasaba mucha horas trabajando ahí; sin embargo escuchaba bastante la radio. Recuerdo que ese día hizo mucho calor y todo era sórdido alrededor. Las calles estaban convulsionadas, yo podía sentir ese sentir adentro mío. Llegue al departamento donde vivía con una amiga y nos pusimos a hacer la cena. Estaba muy cansada de mis pies así que después de un baño, me tiré en el sillón. De repente se anuncia el discurso del “presidente”. Algo ocurrió mientras él daba su discurso y decía “estado de sitio”, algo dentro mío estalló, como sucedía a mi alrededor. A solo unos segundos de terminado el discurso agudicé mi oído y escuché un tímido “talán talán” a lo lejos. Vivíamos en un departamento interno en pleno Rivadavia y Alberti. Corrimos escaleras abajo con mi amiga y de repente vimos que otros también bajaban. Ya en la puerta de calle encontramos mucha gente de la cuadra que también había bajado. De pronto no pasaron mas autos. Estábamos en nuestras veredas con personas a las que no conocíamos a pesar de que eran nuestros vecinos, no es igual que en el barrio, nunca habíamos visto sus caras, o apenas las recordábamos sin embargo hablábamos y contrastábamos información y opinión. No sé en que momento fue. Mientras nuestro agua para los ravioles seguía hirviendo en la olla de la cocina, a lo lejos veo una mancha, oscura, que se mueve. Me acerco justo al medio de la Avenida Rivadavia, hago visera con mis manos y como en este lugar el terreno es un poco mas alto veo un río oscuro, podría decirse que el color era entre gris y marrón, era un mar de gente que subía desde la plaza Once. Mí corazón estalló, metafóricamente hablando, no podía dejar de moverme entre la gente y asegurarme que era así. Le dije a mi amiga que subamos a buscar nuestras armas, una cacerola y una cuchara, claro. Rápidamente apagamos el fuego de la olla que ya rebalsaba por la temperatura y en cinco minutos estábamos marchando entre todos hacia nuestra primer parada Plaza Congreso. No tenía miedo. Nada nos podía pasar. Estábamos todos juntos. ¿Quién nos podía hacer daño?
Seguimos cantando, hablando entre la gente y decidimos, después de subir las escalinatas del Congreso que había que ir a la Plaza de Mayo. Fuimos. Había familias enteras entre nosotros. ¿Quién se iba a atrever a hacernos daño? Casi nos acercábamos a las vallas de la Casa Rosada saltando y cantando con nuestras armas-cacerolas en las manos y unos segundos después ya no podíamos respirar. Corrimos y corrimos enceguecidas por el gas que la maldita policía tiraba desde no sé donde. Nos chocábamos entre nosotros. Nos asustamos, intentábamos ayudarnos pero no podíamos ver. Nos mojamos la cara en un chorrito de agua que salía de una canilla del Banco Nación o por ahí. A pesar de la amenaza volvimos a la Plaza Congreso y allí nos quedamos un rato y nos encontramos con otros amigos.
Fue larga la noche. Volvimos a la madrugada. Prendí la tele y a la media hora la noticia con las imágenes de un señor muerto en las escalinatas del Congreso. No lo podía creer el horror había llegado. No dormí.

Patricia Almazan

Entrevista a Luciano Sapia, integrante del plantel de Racing campeón 2001

Luciano Sapia vivió una historia que muchos argentinos soñaron en su infancia. Nacido en una familia profundamente racinguista, ingresó a las infantiles de ese club a los 10 años de edad. Su buen desempeño como volante por derecha le permitió sortear escollos en las inferiores hasta llegar a la cuarta división, con la cual logró consagrarse campeón en 1999. Ese plantel estaba integrado por a varios de los futuros campeones del 2001 ("Chiche" Arano, Gustavo Arce, Diego Milito, el "Mono Ruiz"). En junio de 2001, cumplió su primer sueño cuando firmo contrato con la primera.

No llegó a debutar: le jugó en contra una operación de meniscos, rótula y cartílago de la rodilla derecha que se realizó durante su primer (y único) año de contrato, pero formó parte del plantel que logró devolverle la alegría al club después de tantos años.

La larga espera por el último partido es una de las vivencias que más recuerda. La definición del campeonato tuvo que suspenderse por cinco días, debido a los hechos del 20 de diciembre de 2001.

Entrevistamos a "Lucho" Sapia para que nos cuente cómo vivió ese plantel de jugadores la larga agonía del final, la tristeza por ver un país que se caía a pedazos, y la enorme alegría de cumplir el sueño de toda su familia.




"Firmé contrato en junio de 2001, gracias a Miguel Micó".
"Se veía venir. En el país estaba todo mal, pero se notó con más intensidad el 16 de diciembre, por el tema del corralito".
"Mostaza nos decía que tratemos de estar al margen. Si bien era algo que nos tocaba a todos, a cada familia de cada jugador, nos marcaba que en ese momento había que preocuparse por salir campeones".
"Nos enteramos que se suspendía el partido con Vélez, que se iba a jugar el 22 de diciembre, dos días antes. Estábamos concentrados en el Hotel Intercontinental".
"La noticia cayó mal, lo vivimos con mucha ansiedad. Nosotros podíamos salir, porque no estábamos dentro de los 17 jugadores citados, pero el resto estaba a las puteadas".
"Viví la espera con ansiedad por el campeonato y con tristeza por el país. Queríamos que llegue el partido, pero no podíamos dejar de ver la TV".
"Llegó el partido y fue un día de nervios. Noté que los que iban a jugar estaban muy nerviosos y con ganas de jugar, esa semana fue terrible".
"No charlamos de los hechos del 20 de diciembre después del partido. El 29 jugamos el partido homenaje contra Guaraní de Paraguay e inmediatamente todos los jugadores se fueron esa noche hacia sus pueblos, los colombianos a su país, etc.".
"El festejo del campeonato no fue intenso dentro del plantel. No se festejó tanto, por el tema de lo que pasaba en el país".
"Ganar el campeonato fue una inmensa alegría. Mis tíos, 4 hermanos, cuñados, abuelos, todos somos de Racing. ¡Me trataban como si yo  fuera Loeschbor! El 31 de diciembre me recibieron en mi casa con banderas; antes de empezar a comer, me leyeron un poema, mi primo habló unas palabras, diciendo que estaba muy contento que un Sapia fuera parte del plantel campeón. Todos lloramos. Fue un orgullo para mi familia".
"En la pretemporada de enero no tocamos el tema del corralito. Mostaza dijo que sabíamos cómo estaba el país, que cada uno tenía sus temas extra futbolísticos, pero que el tema no había que tratar de olvidarlo mientras entrenábamos y jugábamos, aunque después de entrenar se podía charlar. A todos nos tocaba: imaginate que había compañeros con plata en el corralito".

"No pudimos llegar a Plaza de Mayo, la represión nos alcanzó antes"

El 19 de diciembre del 2001 vivía en Ituzaingó y trabajaba en Flores dando clases en un par de colegios. Ese día no trabajaba pero tenía entrega de diplomas en el shule así que a la tardecita me puse el traje y tomé el Sarmiento rumbo a Capital. Llegué temprano y me fui a tomar un “uruguayo” en Tio Pipa´s, Nazca y Rivadavía. La Tv ya mostraba un ambiente caldeado, ya había cacerolazos, saqueos o amenazas de que hubiera, sabíamos que algo estaba por pasar pero no teníamos ni el qué, ni el cuándo, ni el dónde ni el cómo. Andábamos escasos de W.
A la hora indicada me fui hacia el Maimónides donde me atendió un seguridad que me miró como diciendo ¿dónde vivís? y me avisó que el acto se había suspendido así que me fui a una reunión del equipo de prensa de Patria Libre a pocas cuadras de allí, a la cual iba a faltar a causa del acto suspendido.
En esa época no había redes sociales y muchos ni siquiera teníamos celulares así que mientras charlábamos sobre la crisis que estábamos viviendo y qué hacer ignorábamos el discurso de De la Rúa y la declaración del Estado de Sitio. Cuando salimos había montículos de basura incendiados en las calles, gente en las esquinas. Fuimos en el auto de un compañero hasta Rojas y Avellaneda donde nos bajamos. Ahí ya había más gente con cacerolas y aplaudiendo. Casi con vergüenza me acerqué a una señora mayor y le pregunté por qué protestaban que me miró como diciendo ¿Dónde vivís? Un poco colorado me puse a hacer ruido con lo que encontraba.
Después de un rato rumbié para la estación Caballito para volver al oeste cuando vi una marea humana en Rivadavia. Recién ahí me di cuenta de la magnitud de lo que estaba pasando, que no era una protesta más y me enteré del estado de sitio. Llamé a la vieja para decirle que no iba a dormir y que no se preocupara. En el barrio todo estaba tranquilo.
Encaré por Rivadavia hacia la Plaza de Mayo, cada tanto se armaba una especie de asamblea y seguíamos. Acoyte y Rivadavia se convirtió en una de las esquinas emblemáticas. A medida que avanzábamos nos encontrábamos con algún conocido de la militancia, no importaban los partidos, estábamos todos igualados. También nos cruzábamos con mucha gente de la Facultad de Sociales con la que habíamos compartido otras luchas.
Nos íbamos enterando que mucha gente ya había llegado a la Plaza, que había represión, que otros iban para Olivos. Cuando llegamos a Plaza Once la columna se había raleado cuando de repente aparecieron cientos más por una trasversal y todo volvió a empezar. Así llegamos al Congreso donde nos encontramos con espectáculo impresionante. Miles y miles de personas ocupando las escalinatas y las plazas haciendo ruido con lo que pudieran, con decenas de banderas celeste y blancas, gritando “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.
No pudimos llegar a Plaza de Mayo, la represión nos alcanzó antes, nos fuimos encontrando con compañeros y compañeras, todos los que habíamos estado en la reunión nos volvimos a encontrar en la calle, y dos terminaron la noche en la comisaría.


20 de diciembre



Si el 19 fue el día de los vecinos y vecinas indignados/as el 20 fue el día de la juventud (yo todavía podía entrar en esa categoría creo).
Como a la noche no había podido volver a Ituzaingó me fui a dormir a lo de un compañero. Me levanté  agotado por las corridas  y los gases, me pegué un baño y salí con el mismo traje de la noche anterior a tomar recuperatorios de diciembre. En el Leloir me avisaron que se suspendían pero en el Maimónides se mantenían.
Me habían puesto en una mesa de … ¡Matemáticas! El examinado sabía más que yo, que encima tenía la cabeza en otro lado. El asunto es que las profesoras hacían todo lo posible por salvar a uno de los alumnos y le iban agregando ejercicios para ver si aprobaba, mientras yo me dormía sentado. En un momento cruzo a un kiosco en busca de un café que me mantuviera despierto y ahí veo las imágenes de la represión a las Madres y a la gente que empieza a ir a la Plaza.  Volví corriendo, les pedí que me dieran todas las planillas que había que firmar, que se las firmaba en blanco confiando en ellas, pero que me iba en ese momento porque no me aguantaba más.
Antes de ir a la Plaza necesitaba sacarme ese traje molesto que llevaba puesto. Iba a pasar por el local de Patria Libre pero con la cuestión del Estado de Sitio no sabía si eso podía convertirse en una trampa así que me fui a lo de un compañero (¡que se había vuelto a dormir una siesta!) donde me puse unas bermudas (clásico de esas jornadas), zapatillas y una remera, más aptas para las corridas. La mujer del compañero me proveyó de limones, bicarbonato y un pañuelo para los gases y así salí.
De casualidad pasaba un taxi y me lo tomé para llegar más rápido, cuando le dije “¡Al Obelisco! “ casi me baja a patadas “¿No sabés lo que está pasando?” me dijo sobrador “SI, por eso”.  Al final negociamos ir hasta donde diera. Y dio hasta el Ministerio de Desarrollo Social, 9 de Julio y Belgrano. Ahí me bajé, solo, sin conocer a nadie, pero parecía que todos nos conocíamos desde hace año y nos movíamos como uno. Solo reconocí a gente que venía de la Facultad de Lomas de Zamora y muchos de Sociales de la UBA sueltos. Con el tiempo nos fuimos dando cuenta que el aporte de Sociales a la  movida había sido muy importante sin ninguna coordinación o preparación, todos fuimos ahí espontáneamente, incluso los militantes que apenas llegaron a organizarse.
La mayoría eran jóvenes y por la forma en que se movían y resistían la represión policial se notaba que ahí se condensaban años de peleas en la cancha, razzias en recitales y enfrentamientos más políticos durante la resistencia al menemismo. Cada uno aportaba su saber.
Lo que más me sorprendió fue la actitud de los motoqueros, como dijo alguien que no recuerdo, fueron la infantería del pueblo. Iban y venían contra los hidrantes y atrás íbamos el resto con lo que se encontraba a mano, palos, piedras, alguna botella, alguien hasta apareció con un Frezzita, se lo tomó y después lo tiró contra un patrullero. En esa zona solo se rompieron bancos, no hubo saqueos. Nunca pude llegar al obelisco donde sabía que estaban la mayoría de mis compañeros de militancia y donde la pelea era mayor.  Cuando ya caía la tarde empezaron a dispararnos desde un auto de civil con revólveres. Eso y el ruido metálico de las balas sobre la vereda nos convencieron que no eran de goma y nos metimos por las calles internas protegiendo a algunos niños que habían ido con sus padres. En la corrida terminamos en el lavadero de autos que está en Santiago del Estero e Independencia, a dos cuadras de la actual sede de la Facultad de Ciencias Sociales. Allí me enteré de que De la Rúa había renunciado y sonreímos.


Pascual Calicchio, @pascualicchio

De la pérdida de la inocencia

De la Pérdida de la Inocencia
Hace 10 años yo tenía 7 años. Mis padres seguían juntos, aunque la crisis, no se hizo esperar en llegar a mi hogar, ya que terminó 3 meses más tarde destruyendo el matrimonio sin papeles que ambos mantenían.
Aquella tarde en que De la Rua, decidió darnos la espalda, e irse en helicóptero, yo estaba en mi casa con Miriam, que se encargaba de cuidarme mientras mis padres trabajaban 10 hs por día cada uno. Estaba jugando a que era cajera de supermercado, casi como una postal de los futuros trabajados de aquellos jóvenes contemporáneos a la explosión de la crisis.
De repente, del televisor del vecino, escuchamos un anuncio que daba lugar a la cadena nacional en la que se anunció que aquel señor renunciaba. Recuerdo el sonido de los hélices mezclado con las cacerolas que la clase media agitaba en la Plaza de Mayo.
Aquella noche, mi mamá llegó más tarde que lo esperado, y yo lloraba porque tenía miedo. Es el día de hoy que no me subo a un caballo, porque sé que son utilizados, también, para pegarle a la gente.
Mamá trajo esa noche un árbol de navidad, a sólo cuatro días de la festividad que solo festejábamos por tradición. Ese año descubrí, un poco tarde, un poco de golpe, que Papa Noel no existía.

Julia Ben Ishai

sábado, 17 de diciembre de 2011

"Una chica venezolana me llenaba de preguntas que no supe responder"

El 19 de diciembre de 2001 me había levantado relativamente temprano. Tenía 16 años y trabajaba de telefonista en una remisería del barrio de Caballito. La crisis económica ya se había hecho sentir bastante en la Ciudad y no era negocio tomarme el colectivo hasta allá considerando el patético sueldo que cobraba, generalmente en Patacones o Lecops. Por ese motivo me había ido en bicicleta, como tantos otros días y muy a pesar de las advertencias de mi madre que estaba bastante alterada por los saqueos que mostraban en la tele. Ese día hubo muy poco trabajo y me la pasé, junto a varios choferes, mirando la tele.

A falta de celulares, cuando terminó mi horario me fui directamente a la casa de una amiga, que vivía a unas cuadras. La discusión fue inevitable: Yo quería ir a Plaza de Mayo y ella no. El paso por su casa fue breve… El trayecto hasta el centro no tanto… Muchos vecinos se estaban juntando en las calles, estaba lleno de policías y había varios cortes. Nunca llegué hasta la plaza, realmente no tengo registro de la hora. Había gente, bastante a pesar de los rumores de represión que se escuchaban a viva voz mientras ibas por la calle. Ya me había intimiaddo bastante la presencia de policías a caballo... No era algo que se viera frecuentemente. En algún momento de mi trayecto me encontré con una marejada de personas corriendo en dirección contraria. Debo confesar que mi inexperiencia absoluta en marchas contribuyó a que me asuste con facilidad y de media vuelta. 

Llegar hasta Villa Devoto, barrio en el que vivía, fue aún más complicado, aún llegando a Paternal había una enorme cantidad de vecinos juntándose y cortando las calles. Esa noche me quedé hasta muy tarde con la tele y la compu. Me acuerdo de estar chateando con una chica venezolana que me llenaba de preguntas que no podía responderle. El Jueves 20 también quise ir a Plaza de Mayo, pero me quedé por la zona del Congreso, que estaba muy llena de gente. Había llevado mi cámara de fotos, una de rollos de 110. Recuerdo un par de fotos interesantes que presté en algún momento del 2002 y nunca volví a ver. Igualmente volví a mi casa temprano y seguí el minuto a minuto por televisión.

Ivana Daniela Luna

"La movilización fue espontánea"

Ese #20dic, me levantaba luego de haber estado la noche anterior en la plaza. La movilización fue espontánea. Estabamos viendo el discurso de De La Rúa, declarando el estado de sitio y no lo podíamos creer. Con mi cuñado bajamos a la puerta del edificio, luego, a la esquina y de ahí caminamos las dos cuadras que no separaban de Av.Pueyrredón. La gente se empezó a acumular en la esquina y luego eramos tantos que tuvimos que ocupar la calle. De pronto vimos una columna que venía desde Libertador. Nos sumamos a ellos. De pronto estabamos en Plaza de Mayo. Había un montón de familias, de niños. Después llegaron las bombas de gas y las corridas. Vimos el renunciamiento de los ministros en la pantalla gigante del bar de Callao y Santa Fe. Tenía 25 años y es una noche que no se me olvidará jamás.

martes, 13 de diciembre de 2011

"Futbolhadas", una respuesta a la crisis



Los acontecimientos del 20 de diciembre de 2001 nos encontraron a mí y a mi familia en Villa Gesell. Recuerdo que estuvimos pegados a la TV durante horas, congelados frente a las imágenes, sin comprender qué estaba sucediendo. Tenía la sensación de que  toda la ciudad estaba en pánico.
No dormimos en esos días. Charlamos mucho en familia. Estábamos muy tristes de ver cómo se habían perdido los límites en nuestro país, una vez más. Todo parecía haberse convertido en un inmenso "sálvese quien pueda" (a cualquier precio).
Una vez que se produjeron los hechos de diciembre, con un grupo de gente nos propusimos crear un pequeño aporte para combatir toda la situación que se estaba viviendo. Fue así que nació "Futbolhadas".
"Futbolhadas" fue un mediometraje que trataba sobre fútbol, tango y mujeres. El film estaba conformado por seis microhistorias (monólogos) contadas por la única actriz de la obra, Mariana Arias, donde estos temas se mezclaban de una forma amena, humorístia, apasionada, realista. Fútbol, tango y mujeres son tres pasiones argentinas, tres formas de hacer frente del agobio, tres temas que nunca faltan en la mesa del que nació en estas pampas.

Se trataba entonces de articularlos de manera novedosa; en forma de metáfora cotidiana, a partir de los amores, básicos, que suscitan fútbol, mujeres y tango e inventar una salida que pretendámos fuera ingeniosa. Tomás Hoffmann, Psicoanalista y Guonista, y Fabiana Castaño, Directora, participaron del proyecto.

Ya pasaron casi 10 años de aquellos momentos. Hoy quisimos recordar aquello pequeño, que quiso ser un aporte en homenaje a las víctimas de los hechos del 20 de diciembre y también de todos esos millones que estaban en la pobreza o cayeron en ella luego de esa crisis.

Un saludo esperanzador y lleno de amor para todos!






viernes, 9 de diciembre de 2011

Viajando desde Entre Ríos hacia Capital Federal

ese dia se recibia de nutricionista mi prima de entre rios. mis tios viajaban en camioneta por la ruta 14 para llegar a buenos aires. querian sorprenderla. pero la gente les tiraba piedras desde los puentes que cruzaban la ruta. estaban cortando las rutas de todo el pais y saqueando los supers. yo miraba por la tele lo que estaba pasando y los llamaba al celular cual reporte de transito. ellos me decian por donde iban y yo les contaba como estaban los proximos kilometros del trayecto y los desviaba en los puntos mas complicados. mientras miraba la tele mi novio estaba sentado al lado mio. no salimos en todo el dia de mi casa. y mientras mirabamos la pantalla, yo cosia a maquina. me acuerdo que apretaba el pedal en la tanda y lo levantaba cuando volvian de la pausa.

Alita Pereyra

"Papá dijo que estaba todo bien"

Tenía 10 años. Sólo me acuerdo que mamá cerró las puertas y ventanas, prendió la tele y nos dijo que estaba todo bien. No pasó mucho por casa y tampoco entendía mucho.

Virginia Regner

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Por TV

El 20 de diciembre de 2001 tenía 11 años.
Me acuerdo que mis viejos estuvieron sentados mirando el noticiero todo el dia.
No podían creer lo que estaba pasando.

Cuando me asomé a la calle, (vivo en un barrio común y corriente en Tigre) ví a los vecinos juntandose en la puerta del almacen con bolsas y changuitos, listos para entrar.
Por suerte no pasó nada.

Recuerdo la cara de miedo de mis viejos cuando se veían los saqueos y las manifestaciónes por la tele.
Me fuí corriendo a mi cuarto a llorar, sin entender que estaba pasando.

Emanuel Gómez Miranda, @emanuelngm, www.disguik.com.ar

"Pensaba que ojalá no le pasara nada a la gente"

Yo cuando fue el 20 de dic, si bien era chico estaba pensando que todo estaba re mal, pensaba que ojala a la gente no le pasara nada , y pensaba mucho en el futuro que iba a pasar y si podriamos salir de esa situacion y, estaba en junin en mi casa, tenia 13 años, tranquilo pero bueh las cosas del pais eran bastante complicadas en ese momento, no hice nada en especial igual, vi todo lo que pasaba por la television y despues lo comentaba con mis amigos o familia, mas que eso nada

Lucas Quatrini