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martes, 20 de diciembre de 2011

"Fue la primera vez que canté el himno con emoción"

soy de caseros, el 19 iba ir al centro, para ayudar a una amiga en un festival de danza, no pudimos porque ya habían empezado los saqueos, nos quedamos mirando la tele todo lo que pasaba, luego volví a mi casa con miedo, observando todos los comercios cerrados, algunos se notaba que habían querido entrar para saquearlos, esa noche fui a un cacerolazo en el centro de mi barrio, recuerdo que cuando termino la asamblea todos los vecinos cantamos el himno nacional en medio de la avenida, creo que fue la vez que para mi cantar el himno fue tan emotivo más tarde participe en otro, esa noche en casa mirabamos en la tv todo lo que pasaba en la plaza de mayo, al otro día cerca del mediodía mi mamá y yo nos decidimos a ir a la plaza con todos, pero cuando vimos los disturbios decidimos quedarnos, la tele no se apago en todo el día, recuerdo que me fuí a dormir un rato a la tarde, me sentía muy mal por todo lo que pasaba, un rato después alrededor de las 18 me desperte y anunciaban de que el presidente renunciaba, vi como todos el helicoptero volando sobre la rosada y la gente muriendo en la plaza en manos de los policias, esa noche fuí al última en acostarme a dormir no podía despegar los ojos de la pantalla del televisor, y luego me puse a llorar, por todo lo que estabamos viviendo y por todo lo que se venía.


Mariela Fernanda Urigoytea

"El Cacerolazo nos agarró vestidas para ir a bailar"

El 19 estuvimos casi todo el día en Villa Corina (Avellaneda) reunidos con los chicos y las chicas del barrio , compañeros/as militantes de Patria Libre y Venceremos y algunas amigas que habían venido a colaborar en la organización del comedor y en la preparación de unas jornadas solidarias que estábamos por hacer.
También, con tres de las chicas que eran amigas y militantes, nos preparábamos para ir a bailar a la noche sin prever el discurso de De la Rúa, ni el estado de sitio, ni el cacerolazo, ni nada (¡Éramos tan jóvenes!).
Cuando empezó el cacerolazo nos pusimos a caminar hacia Capital porque no había colectivos ni nada y nos quedamos a dormir en un local de Patria Libre.
El 20 estuvimos con los compañeros y compañeras dando vuelta por todos lados, íbamos de Plaza de Mayo a Congreso, de Congreso a Plaza de Mayo, nos enfrentábamos a la represión, corríamos entre gases y balas que después supimos no eran todas de goma, ayudábamos a los que no podían seguir porque se ahogaban o estaban lastimados, conseguíamos limones y pañuelos gracias a la solidaridad de los cientos de jóvenes que se sumaron a la pelea y de algunos vecinos y vecinas que aportaban lo que podían. Así estuvimos hasta que De la Rúa se escapó en el helicóptero dejando muertos y heridos a los que todavía hoy seguimos recordando.
Hicimos todo eso con la ropa que nos habíamos puesto para ir a bailar.

Victoria Donda, @Vikidonda

"A diez años de aquellos diez días"

A diez años de aquellos diez días

El lunes 17 de diciembre cargue mi mochila con un termo, algo de yerba y partí junto a dos amigos, enfermos de Racing como yo rumbo a la cancha en busca de tres entradas. Metimos la carpa en el Ford Sierra que nos llevaba a todos los estadios y realizamos el mismo camino de cada domingo desde San Andrés hasta Avellaneda. Al llegar al Cilindro, cerca del mediodía, solo diez personas estaban en la fila.
Había pedido dos días en el puesto de diario que laburaba, mi compañero Adrian, hijo de los dueños me los había concedido. Prometí estar allí el miércoles al mediodía, ya que a las once arrancaba la venta de entradas y sabia que tendría un lugar privilegiado.

La tarde y la noche del lunes transcurrieron con tranquilidad entre mates y cervezas. El martes el panorama era un tanto más bravo, miles de personas formaban una fila bien ancha y desordenada que tenia mas de mil metros de longitud. Había clima de fiesta pero también de preocupación porque la fila se convirtiera en una gran masa humana frente a las boleterías.

La mañana del miércoles salí retratado en la portada del diario Ole bajo el titulo “La carpa del amor”. Un par de horas después obtuve las tres entradas que había ido a buscar, las resguarde bien y ya arriba del 17 rumbo a mi laburo las miraba sin poder creerlo.

Esa tarde tenia reunión con compañeros de otras facultades de la UBA, discutimos la real posibilidad de participar de un frente electoral para arrebatarle la FUBA a la Franja Morada, los números daban, era posible sacar al radicalismo de la conducción de la Federación. Estaban allí enquistados desde la vuelta a la democracia, pero la crisis política y de representación por un lado y la resistencia y nuevas formas de las agrupaciones estudiantiles por otro, lograron que perdieron algunos Centros de Estudiantes claves.

Cuando la misma estaba finalizando se filtraba por las ventanas el repique de vaya a saber que. Momentos después salimos hacia la CTA Capital donde decenas de vecinos cortaban la intersección de Independencia y Piedras. Llegaban llamados a los pocos celulares que había en ese entonces avisando que había gente en los alrededores del Congreso y de Plaza de Mayo. Momentos después la columna un tanto alborotada partió por Independencia, algunos siguieron hacia el congreso, otros doblamos por Salta y enfilamos hacia Avenida de Mayo. El destino era la Plaza de Mayo.


Esas nueve cuadras estaban vestidas de vecinas con sus cacerolas y pibes con redoblantes. La marea humana, densa y de paso firme que venia desde Congreso por avenida de Mayo jamás la había visto.

En la Plaza todo fue fugaz, de repente estábamos cerca de las vallas, minutos mas tarde bajo las palmeras incendiadas. Perdí a mis compañeros, pero hice algunos nuevos allí en ese momento. La rabia, la furia era palpable, sin embargo recuerdo una situación bastante graciosa, al pedirle una sartén de hierro a una señora y arrojarla varias veces para romper los vidrios del edificio que se encuentra frente al Banco Nación. Sin éxito y tras ir y venir arrojando piedras a la policía, comencé a romper junto a nuevos y fugaces compañeros las ventanas del Ministerio de Economía que se encuentran al ras de la vereda, una vez logrado el cometido, metimos bolsas de basura prendidas fuego.

Esa noche termine de madrugada en el Congreso. Horas mas tarde estaba abriendo el puesto de diario de Corrientes y San Martín, la gente pasaba alborotada, mi sensación era la de una larga batalla.
Solo soporte hasta las 11 hs del 20 de diciembre, avise que no podía quedarme mas y volví para Congreso a reunirme con mis compañeros. Esto aparejo un amable despido, ya no había condiciones para seguir laburando ahí.

En la cuadra de la Fundación de las Madres mientras nos reagrupabamos cruce a Humberto caminando por la calle con una boina que cubria su calva cabeza. Verlo me transmitió confianza y seguridad.

Nos movíamos en grupos reducidos para no llamar la atención de muchos policía de civil que revoloteaba la zona, y las primeras escaramuzas las viví ese día en Avenida de Mayo y Esmeralda, luego en la 9 de Julio y durante varias horas en Diagonal Norte. Me mantuve casi siempre junto a Maxi a quien habia conocido unos meses atrás. Su decisión para avanzar era clave, lo notaba seguro, mostraba el mismo énfasis que en cada gol de Racing. En mi billetera y bajo los gases guardaba su entrada para el partido con Velez.

El refresco llegaba a cada instante, los saqueos en algunos bares eran un acto de justicia. En una de las avanzadas enfrentando a la policía salio un ayudante de cocina de una bar de Diagonal y Maipú con un cajón de limones, repartiendo entre los allí presentes. Gestos de solidaridad como ese abundaron esa tarde.

Mi principal temor radicaba en la azoteas de los edificios, ya sabia que habian tirado con balas de plomo a varios desde allí arriba, sabia que había algunos caídos.

Tenia la mano cortada de tanta piedra sin embargo me reserve los ultimos esfuerzos para darle sin asco a unos carros bajos de la policia que tenian una especie de uña en su frente delantero y pasaban por la 9 de julio velozmente como queriéndonos levantar como “sorete en pala” con la misma.

Yabran nos habrá odiado por como quedo el local de Oca de la esquina de Corriente y Cerrito. Una hora mas tarde corria el rumor, luego efectivo de la huida y renuncia de De la Rua. Los gritos de victoria colectiva jamás los olvidare, eran aliviadores, de triunfo histórico. Sin darnos cuenta quizás que allí enterrábamos parte del modelo.

La retirada victoriosa por Avenida Corrientes, tomando lo que habia a nuestro paso, fue similar a la de aquellos guerreros que se llevan las pertenencias del vencido.

Volví a abrir mi billetera y cerciorarme que las entradas para el partido final allí descansaran.

El 27 de diciembre bajo la lluvia festeje otro triunfo histórico, la vuelta luego de 35 años. Racing lograba hacerme llorar otra vez. Era difícil explicar en ese marco social ese triunfo, esa vuelta. No había que explicarlo, solo sentirlo.

Desde Liniers fuimos en caravana al Obelisco y tras varias horas de festejo, me dirigí a la Facultad de Sociales, en Parque Centenario, donde el Frente 20 de diciembre le arrebataba la FUBA a la Franja Morada.

Pasaron 10 años de aquella inconmensurable alegría intensa vivida en tan solo 10 días.

Diego Bartalotta, @diegobartalotta

"Nunca más violencia en Argentina"

Me acuerdo que eran días muy raros. Me acuerdo que días antes estaba en mi casa viendo la tele y empecé a escuchar gente que golpeaba sus cacerolas con fuerza. La gente que estaba arriba de sus autos tocaba la bocina con bronca. Bronca es la palabra que la gente sentía al ver cómo el país se estaba viniendo abajo. El 20 de diciembre yo estaba en la casa de mi prima, ya que como todos los años festejamos Navidad en su domicilio, yo iba días antes y me quedaba hasta luego de las fiestas que volvía a mi casa. Eran mis mini vacaciones. Como todas las tardes, salíamos por el barrio a caminar. Pero ese 20 de diciembre fue distinto. Nos encontrábamos cerca de un mini mercado de la zona, cuando de repente, vimos como la gente salía por todos lados, cual hormigas cuando perciben la presencia de azúcar. Iban directo al mini mercado con el fin de sacarle hasta la última lata de comida que encontraban en su paso. Con mi prima veíamos anonadadas la situación. Teníamos 13 y 11 años (mi prima y yo respectivamente) En ese momento, claro está no entendíamos nada. Volvimos a casa, y vimos por la tele el desastre que estaba ocurriendo en plaza de mayo, alrededores... y no tan alrededores (no nos olvidemos de los 3 chicos de floresta asesinados a mansalva en la estación de servicio de la calle Bahía Blanca) Mientras De la Rúa declaraba el estado de sitio (que tanto mal le hace a los argentinos esa frase)y se escapaba por helicóptero, Cavallo restringía el retiro de la plata de la gente de los bancos y la policía criminal mataba a cualquiera que se le interpusiera en el camino, yo, una nena, no entendía nada. Pasaron 5 presidentes en una semana. Todavía no caigo. Hoy 10 años después, con 21 años, puedo decir que analizo cada situación que pasa en el país. Los pro y los contras de los gobiernos de turno. Creo que todos podemos decir que nos gusten o no, estamos en democracia, y cada uno de ellos ganó con el voto de la gente. Creo que de eso debemos estar agradecidos. Creo que no hay que volver a pasar por lo que pasamos por el 2001, creo que no hay que pedir que se vayan todos, pensemos: se fueron, y dejaron un desastre casi imposible de recuperar. Se logró? no lo se. 10 años no son nada, las heridas todavía no sanaron, y son tan profundas que dudo mucho que sanen pronto. Este país sufrió de muchas injusticias, la sociedad padeció todos los males. La clase baja y la media son las mas castigadas. Hoy en día me animo a decir que la clase media es la que más sufre y la que más padece los conflictos gubernamentales entre el oficialismo y la oposición. Puede ser que con todo lo que sufrimos, con toda la historia que tenemos encima, no hayamos aprendido? Puede ser que el gobierno y la oposición se unan y construyan un país en serio? Creo que ya es hora, que los argentinos abramos los ojos, que los gobiernos dejen de mentirle a la gente y se comporten como verdaderos representantes del pueblo, y defiendan a su gente ante cualquier acto de injusticia. es hora que "NUNCA MAS" deje de ser una frase hecha, y empiece a ser implementada, que se cumpla, que se respete. Que los muertos que quedaron en la lucha por un país mejor no hayan sido en vano. Luchemos y peleemos por lo que nos corresponde: Un país JUSTO, SEGURO y aquel en el que el gobierno de turno haga lo que tiene que hacer y que diga NUNCA MAS violencia en ARGENTINA! 


lunes, 19 de diciembre de 2011

"Mi vivencia del 19 y 20"

Indefectiblemente, siempre que empiezo a conocer a alguien le pregunto que estaba haciendo el 19 y 20 de diciembre. Como ese relato me atrae sobremanera, ofrezco mi propia vivencia personal. 

Previo a que estallasen las protestas masivas (aunque los movimientos de desocupados ya venían desplegando una actividad furiosa desde el 2000), mis empleadores de la CEPAL habían decidido que yo y los restantes encuestadores nos abstuviésemos de salir a encuestar porque la calle no ofrecía condiciones de seguridad mínimas. Como nos pagaban por cuestionario completo, la noticia no era alentadora. Pero lo cierto es que el clima estaba enrarecido desde bastante antes del 19 y el 20. Caminando las calles del Once con mi portafolio, mi pilón de encuestas y lapicera en mano, he sido testigo de súbitas corridas…no bancarias…corridas de los comerciantes por cerrar sus locales ante rumores de saqueos. Las persianas metálicas iban cayendo una a una, como contagiadas por el furor de la persiana vecina. Siempre suceden estas cosas cuando se acercan las fiestas, se consolaba uno; pero sin llegar a captar la singularidad de lo que se tenía enfrente.

A medida que los ministros de Economía dejaban sus funciones (primero Machinea, para que asumiera Cavallo y anunciase el 13% de recorte para trabajadores estatales y la posibilidad de un arancel en la universidad pública), se aceleraban las reuniones militantes en la Facultad de Sociales. Desde que había ingresado a la facu, el año anterior, militaba de forma independiente. Nos llamábamos Autogestión, nos concentrábamos en la producción autogestiva de apuntes organizando a los cursos (para combatir el sobreprecio que imponía la Secretaría de Apuntes, que visualizaba a la fotocopiadora como un kioskito para que Centro de Estudiantes se financiase, situación que hoy en día se mantiene). Quienes nos miraban de lejos, podrían llegar a describirnos como una mezcla de anarquistas con fumones y seguidores de Manu Chao. 

Cuando se anunció el estado de sitio, recuerdo haber conversado del tema con dos compañeros, preocupado, mientras avanzábamos de la plaza Pizzurno hacia la sede de Marcelo T. Llegamos e inmediatamente comentamos las circunstancias fatídicas con otros compañeros. La reunión con la mayor cantidad de gente posible se hacía de imperiosa necesidad. 

Recuerdo esa cumbre como si hubiera sido ayer. Había una combinación de pesimismo y presagio de represión, con esperanza insurreccional. Nadie avizoraba la caída de De la Rua que acontecería al día siguiente. Pero de alguna manera se olían los 36 muertos que serían el saldo de esas jornadas. En el debate atesoré cosas insólitas, especialmente de los compañeros más experimentados. Se insistía con que había que repetir los métodos de seguridad de los ’70, a saber: no llevar encima agendas ni números telefónicos, aprenderse los números de los compañeros más cercanos de memoria. Según un experimentado militante del Viejo Topo (cercano a Autogestión) cuando te encontrabas con un compañero se debía dedicar el primer minuto a inventar un tema de conversación inocente, por ejemplo, el resultado del partido entre Boca y Gimnasia de la fecha pasada, con el propósito de que, en caso de que los dos militantes sean requisados e interrogados por la policía en forma separada, poder compadecer con la misma temática inocua. 

Eso no era todo. Según el mismo activista (que a esta altura ya me estaba situando mentalmente en los 70 y poniéndome muy tenso) sugería que la facultad (que en breve estaría repleta de servicios) no era un buen lugar para mantener reuniones. Sería preferible reunirse en reducido número en las salas de espera de hospitales. Allí nadie sospechaba de nadie y era más fácil estar seguros y sin vigilancia.

Luego se debatió el momento político y se hizo una lectura sobre los acontecimientos de público conocimiento. Me sorprendió que nuevamente eran las personas ideológicamente más cercanas al marxismo clásico quienes justificaban los saqueos que se habían estado repitiendo desde comienzos de diciembre. “¿Por cuánto tiempo los comerciantes se han apropiado de plusvalía? No se dan cuenta que el margen que obtiene el comerciante se opera por una transferencia de plusvalía de la esfera de la producción a la esfera de la distribución. Los comerciantes, que no son ningunos inocentes, participan, son actores necesarios, en la extracción de la plusvalía de la clase trabajadora”, cerró su fría (férrea) intervención Cecilia, si mal no recuerdo del Viejo Topo. Pero a mí la imagen del chino llorando desconsoladamente en las puertas de su supermercado destruido me indicaba que el argumento de Ceci no podía ser suficiente para dar cuenta de la cruel realidad. 

Salí de la reunión apesadumbrado y temeroso. Desconfiando de servicios invisibles y sintiendo que mi destino no podía ser muy distinto al de los Montos chupados y picaneados. Ese día a la noche, me encontraba viendo Lanata con un sabor agrio en la boca y el cuello duro. Cuando de repente oí aquello que era una novedad, pero en los meses siguientes sería la norma: los primeros ruidos de cacerolas. Salí al balcón y no lo podía creer: se estaban reuniendo manifestantes en Cabildo y Lacroze, desafiando el estado de sitio, resistiendo con sus cuerpos a un gobierno moribundo que no se iría sin causar antes el daño suficiente. Rápidamente (y desafiando tanto la autoridad del Estado como la de mi padre que era Ley en mi hogar) enfilé rumbo a la vereda, para acompañar a mis vecinos. Pronto se dirigirían a la entrada de la vivienda de Videla. Parece que el estado de sitio les hizo recordar a Videla antes que a ningún otro. Y sí, tener al mayor hijo de puta viviendo en el coqueto punto de la ciudad de Cabildo y Maure no es para menos.

Esa masa anónima y sin credenciales ni íconos (esto es bastante shockeante y satisfactorio la primera vez que se lo experimenta) se uniría a otra en el camino para finalmente confluir en el Congreso. Fue una verdadera fiesta hasta que fuimos reprimidos. Pero eso se iría instalando como la costumbre. El Año Nuevo del 2001 lo pasé en casa de amigos y compañeros militantes. Brindamos y a las 00:10 ya estábamos cortando Juan B. Justo y San Martín. Semejante festejo anticipaba de forma acabada los días que se vendrían.


Andrés Kilstein

"La noche más larga de mi vida"

La noche del 19 y el 20 fue la noche mas larga de mi vida.
En esa época tenía un bar o creí tenerlo. Pasaba mucha horas trabajando ahí; sin embargo escuchaba bastante la radio. Recuerdo que ese día hizo mucho calor y todo era sórdido alrededor. Las calles estaban convulsionadas, yo podía sentir ese sentir adentro mío. Llegue al departamento donde vivía con una amiga y nos pusimos a hacer la cena. Estaba muy cansada de mis pies así que después de un baño, me tiré en el sillón. De repente se anuncia el discurso del “presidente”. Algo ocurrió mientras él daba su discurso y decía “estado de sitio”, algo dentro mío estalló, como sucedía a mi alrededor. A solo unos segundos de terminado el discurso agudicé mi oído y escuché un tímido “talán talán” a lo lejos. Vivíamos en un departamento interno en pleno Rivadavia y Alberti. Corrimos escaleras abajo con mi amiga y de repente vimos que otros también bajaban. Ya en la puerta de calle encontramos mucha gente de la cuadra que también había bajado. De pronto no pasaron mas autos. Estábamos en nuestras veredas con personas a las que no conocíamos a pesar de que eran nuestros vecinos, no es igual que en el barrio, nunca habíamos visto sus caras, o apenas las recordábamos sin embargo hablábamos y contrastábamos información y opinión. No sé en que momento fue. Mientras nuestro agua para los ravioles seguía hirviendo en la olla de la cocina, a lo lejos veo una mancha, oscura, que se mueve. Me acerco justo al medio de la Avenida Rivadavia, hago visera con mis manos y como en este lugar el terreno es un poco mas alto veo un río oscuro, podría decirse que el color era entre gris y marrón, era un mar de gente que subía desde la plaza Once. Mí corazón estalló, metafóricamente hablando, no podía dejar de moverme entre la gente y asegurarme que era así. Le dije a mi amiga que subamos a buscar nuestras armas, una cacerola y una cuchara, claro. Rápidamente apagamos el fuego de la olla que ya rebalsaba por la temperatura y en cinco minutos estábamos marchando entre todos hacia nuestra primer parada Plaza Congreso. No tenía miedo. Nada nos podía pasar. Estábamos todos juntos. ¿Quién nos podía hacer daño?
Seguimos cantando, hablando entre la gente y decidimos, después de subir las escalinatas del Congreso que había que ir a la Plaza de Mayo. Fuimos. Había familias enteras entre nosotros. ¿Quién se iba a atrever a hacernos daño? Casi nos acercábamos a las vallas de la Casa Rosada saltando y cantando con nuestras armas-cacerolas en las manos y unos segundos después ya no podíamos respirar. Corrimos y corrimos enceguecidas por el gas que la maldita policía tiraba desde no sé donde. Nos chocábamos entre nosotros. Nos asustamos, intentábamos ayudarnos pero no podíamos ver. Nos mojamos la cara en un chorrito de agua que salía de una canilla del Banco Nación o por ahí. A pesar de la amenaza volvimos a la Plaza Congreso y allí nos quedamos un rato y nos encontramos con otros amigos.
Fue larga la noche. Volvimos a la madrugada. Prendí la tele y a la media hora la noticia con las imágenes de un señor muerto en las escalinatas del Congreso. No lo podía creer el horror había llegado. No dormí.

Patricia Almazan

"No pudimos llegar a Plaza de Mayo, la represión nos alcanzó antes"

El 19 de diciembre del 2001 vivía en Ituzaingó y trabajaba en Flores dando clases en un par de colegios. Ese día no trabajaba pero tenía entrega de diplomas en el shule así que a la tardecita me puse el traje y tomé el Sarmiento rumbo a Capital. Llegué temprano y me fui a tomar un “uruguayo” en Tio Pipa´s, Nazca y Rivadavía. La Tv ya mostraba un ambiente caldeado, ya había cacerolazos, saqueos o amenazas de que hubiera, sabíamos que algo estaba por pasar pero no teníamos ni el qué, ni el cuándo, ni el dónde ni el cómo. Andábamos escasos de W.
A la hora indicada me fui hacia el Maimónides donde me atendió un seguridad que me miró como diciendo ¿dónde vivís? y me avisó que el acto se había suspendido así que me fui a una reunión del equipo de prensa de Patria Libre a pocas cuadras de allí, a la cual iba a faltar a causa del acto suspendido.
En esa época no había redes sociales y muchos ni siquiera teníamos celulares así que mientras charlábamos sobre la crisis que estábamos viviendo y qué hacer ignorábamos el discurso de De la Rúa y la declaración del Estado de Sitio. Cuando salimos había montículos de basura incendiados en las calles, gente en las esquinas. Fuimos en el auto de un compañero hasta Rojas y Avellaneda donde nos bajamos. Ahí ya había más gente con cacerolas y aplaudiendo. Casi con vergüenza me acerqué a una señora mayor y le pregunté por qué protestaban que me miró como diciendo ¿Dónde vivís? Un poco colorado me puse a hacer ruido con lo que encontraba.
Después de un rato rumbié para la estación Caballito para volver al oeste cuando vi una marea humana en Rivadavia. Recién ahí me di cuenta de la magnitud de lo que estaba pasando, que no era una protesta más y me enteré del estado de sitio. Llamé a la vieja para decirle que no iba a dormir y que no se preocupara. En el barrio todo estaba tranquilo.
Encaré por Rivadavia hacia la Plaza de Mayo, cada tanto se armaba una especie de asamblea y seguíamos. Acoyte y Rivadavia se convirtió en una de las esquinas emblemáticas. A medida que avanzábamos nos encontrábamos con algún conocido de la militancia, no importaban los partidos, estábamos todos igualados. También nos cruzábamos con mucha gente de la Facultad de Sociales con la que habíamos compartido otras luchas.
Nos íbamos enterando que mucha gente ya había llegado a la Plaza, que había represión, que otros iban para Olivos. Cuando llegamos a Plaza Once la columna se había raleado cuando de repente aparecieron cientos más por una trasversal y todo volvió a empezar. Así llegamos al Congreso donde nos encontramos con espectáculo impresionante. Miles y miles de personas ocupando las escalinatas y las plazas haciendo ruido con lo que pudieran, con decenas de banderas celeste y blancas, gritando “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.
No pudimos llegar a Plaza de Mayo, la represión nos alcanzó antes, nos fuimos encontrando con compañeros y compañeras, todos los que habíamos estado en la reunión nos volvimos a encontrar en la calle, y dos terminaron la noche en la comisaría.


20 de diciembre



Si el 19 fue el día de los vecinos y vecinas indignados/as el 20 fue el día de la juventud (yo todavía podía entrar en esa categoría creo).
Como a la noche no había podido volver a Ituzaingó me fui a dormir a lo de un compañero. Me levanté  agotado por las corridas  y los gases, me pegué un baño y salí con el mismo traje de la noche anterior a tomar recuperatorios de diciembre. En el Leloir me avisaron que se suspendían pero en el Maimónides se mantenían.
Me habían puesto en una mesa de … ¡Matemáticas! El examinado sabía más que yo, que encima tenía la cabeza en otro lado. El asunto es que las profesoras hacían todo lo posible por salvar a uno de los alumnos y le iban agregando ejercicios para ver si aprobaba, mientras yo me dormía sentado. En un momento cruzo a un kiosco en busca de un café que me mantuviera despierto y ahí veo las imágenes de la represión a las Madres y a la gente que empieza a ir a la Plaza.  Volví corriendo, les pedí que me dieran todas las planillas que había que firmar, que se las firmaba en blanco confiando en ellas, pero que me iba en ese momento porque no me aguantaba más.
Antes de ir a la Plaza necesitaba sacarme ese traje molesto que llevaba puesto. Iba a pasar por el local de Patria Libre pero con la cuestión del Estado de Sitio no sabía si eso podía convertirse en una trampa así que me fui a lo de un compañero (¡que se había vuelto a dormir una siesta!) donde me puse unas bermudas (clásico de esas jornadas), zapatillas y una remera, más aptas para las corridas. La mujer del compañero me proveyó de limones, bicarbonato y un pañuelo para los gases y así salí.
De casualidad pasaba un taxi y me lo tomé para llegar más rápido, cuando le dije “¡Al Obelisco! “ casi me baja a patadas “¿No sabés lo que está pasando?” me dijo sobrador “SI, por eso”.  Al final negociamos ir hasta donde diera. Y dio hasta el Ministerio de Desarrollo Social, 9 de Julio y Belgrano. Ahí me bajé, solo, sin conocer a nadie, pero parecía que todos nos conocíamos desde hace año y nos movíamos como uno. Solo reconocí a gente que venía de la Facultad de Lomas de Zamora y muchos de Sociales de la UBA sueltos. Con el tiempo nos fuimos dando cuenta que el aporte de Sociales a la  movida había sido muy importante sin ninguna coordinación o preparación, todos fuimos ahí espontáneamente, incluso los militantes que apenas llegaron a organizarse.
La mayoría eran jóvenes y por la forma en que se movían y resistían la represión policial se notaba que ahí se condensaban años de peleas en la cancha, razzias en recitales y enfrentamientos más políticos durante la resistencia al menemismo. Cada uno aportaba su saber.
Lo que más me sorprendió fue la actitud de los motoqueros, como dijo alguien que no recuerdo, fueron la infantería del pueblo. Iban y venían contra los hidrantes y atrás íbamos el resto con lo que se encontraba a mano, palos, piedras, alguna botella, alguien hasta apareció con un Frezzita, se lo tomó y después lo tiró contra un patrullero. En esa zona solo se rompieron bancos, no hubo saqueos. Nunca pude llegar al obelisco donde sabía que estaban la mayoría de mis compañeros de militancia y donde la pelea era mayor.  Cuando ya caía la tarde empezaron a dispararnos desde un auto de civil con revólveres. Eso y el ruido metálico de las balas sobre la vereda nos convencieron que no eran de goma y nos metimos por las calles internas protegiendo a algunos niños que habían ido con sus padres. En la corrida terminamos en el lavadero de autos que está en Santiago del Estero e Independencia, a dos cuadras de la actual sede de la Facultad de Ciencias Sociales. Allí me enteré de que De la Rúa había renunciado y sonreímos.


Pascual Calicchio, @pascualicchio

sábado, 17 de diciembre de 2011

"Las primeras cacerolas no fueron la de los plazos fijos"


Luego de días en donde se respiraba una incertidumbre dolorosa los rayos catódicos del televisor reproducían una decisión autista inverosímil:  De La Rúa declaraba el estado de sitio. Yo vivía en mis dos ambientes de Montserrat de San José y Belgrano primer piso contrafrente cuando el "aire y luz" empezó a resonar con puteadas espontáneas de vecinos y ruidos de cacerolas (las primeras cacerolas que no fueron la de los plazos fijos). El instinto liberador me hizo salir a la calle doméstica:  short, ojotas y remera. Cientos de nosotros éramos escupidos en una suerte de peregrinaje. Avda. Belgrano, Entre Ríos hasta el Congreso y de ahí las insensantes columnas de espíritus hartos a Plaza de Mayo. Eran épocas en donde la masividad del celular aún estaba lejos, pero con una suerte de brújula instintiva nos encontramos los que queríamos encontrarnos. Pie en Avda. de Mayo, corridas y estampida por delante mío y una bomba lacrimógena a pocos centímetros de mi pie izquierdo. Mi confusión y sorpresa se aplacaron instantáneamente: sólo quería abrir los ojos y poder respirar. Un hermoso desconocido me tomo de la mano y me apartó del caos descansandome en Diagonal Sur e Yrigoyen. En el trajín mi cabeza caliente no auguraba una herida la que empezó a arder y emanar pequeñas cantidades de sangre. Todo eso no me inmovilizó. La tristeza, sí. Lloré sumida en la más absoluta frustración y dolor.
Paula Murphy, @polamurphy

martes, 13 de diciembre de 2011

"Llegué a cobrar en patacones"



"Cada tanto, cerrábamos el local por miedo a que vinieran los piquetes, pero cuando veíamos que no pasaba nada, volvíamos a abrir".
"Después del 20 de diciembre bajó mucho el laburo. Vendíamos poco. Recuerdo que nos han pagado con patacones y lecop. Yo llegué a cobrar en patacones".
"No teníamos tele, así que escuchamos todo por la radio".
"Me fui caminando desde acá en la zona del Alto Palermo hasta Plaza de Mayo, estuve un rato haciendo cacerolazos, y me fui a mi casa"




Mariano

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Twitter: cacerolazos, saqueos, gases...


@SisiLeonor Leonor Becerra
Yo estuve el 19/12 en el quilombito de Congreso corriendo por las calles esquivando los gases, el #20Dic mi mamá no me dejó salir de casa

@luperaltaa Luciana Peralta
#20dic Con mamá fuimos a sacar fotocopias, todo cerrado, nos cruzamos con saqueadores. Yo 9 años, terrible miedo tenía, pero tamb tristeza.

@dgreynoso Diego Reynoso
de visita en BA, tomando café con amiga. Noche cena en las cañitas, otra amiga. Empezaron cacerolas! No lo podía creer #20dic

@gabisegovia Gabi segovia
@foier #20dic trabajaba para el gobierno italiano en bs as y llamaron de Roma para avisar de los saqueos antes d q iniciaran aca

@FedeBona9Fede Bonavita
#20dic de 2001 escuchaba radio metro mientras veia como saqueaban el chino q tengo enfrente en lugano

@chelologu Marcelo Lo Guzzo
#20Dic jugamos futbol con amigos en Moron Sur, volvimos caminando a medianoche. Vecinos armaban barricadas y quemaban gomas en las esquina


@claudiabril Claudia Urbina
El #20Dic , con mi panza de casi 7 meses de embarazo, golpeé las barandas del balcón, lloré mucho, y le escribí una carta a mi hija x venir.

@franfernandz Francisco Fernandez
#20dic Con un amigo y nuestra juventud intentando participar de una revuelta que sospechábamos importante, aunque nunca tanto

@mqriqno mariano pe
El #20dic estaba trabajando en el mercadito q tenia mi familia con la cortina baja llorando para q no vengan a saquearnos.

@nicodanz Gaudio(sin pastilla)
#20dic En la esquina de casa con vecinos.De repente,empezaron a caminar hacia Provincia.Algunos intentaron trepar los muros de Olivos 
// Entre los vecinos había un gerente de pilotos de Aerolíneas.El que el otro día en el hangar nombró Cristina.Hacía 1 año no cobraba.

@gerherz Gerardo Herz
foier el #19dic, era cadete. Al mediodía, cerraron todos los locales y me mandaron "urgente a casa, vienen columnas de saqueadores" #20dic

Recordando del 19 de diciembre del 2001


Recuerdo que ese confuso, nublado y caluroso día de diciembre, estaba de visita en Buenos Aires y, como cada fin de año por medio que venía a pasar las fiestas con mi familia, aprovechaba para ver a los amigos y ponerme al día con el país. A la tarde salí de la casa de mis padres en Martínez y me tomé el tren hacia Retiro. Me encontré en Callao y Santa Fe con una ex-compañera de doctorado que estaba, también, de visita en Buenos Aires y ese mismo día se regresaba a Rosario. Yo quería volver al país, porque hacía 4 largos años que vivía afuera, pero la charla y el ambiente me respondían que no tenía esa opción. Cuando salimos de esa cafetería los pocos comercios que estaban en pié empezaban a cerrar sus puertas o persianas. Me paré en una florería al costado de una vereda escuchando no me acuerdo que anuncio. Las personas que andaban caminando también paraban a escuchar. Creo que fue del vocero presidencial que decía que el acuerdo con los senadores justicialistas, para un posible co-gobierno, no se había logrado.


Como todo era muy confuso, y además estaba nublado y pesado, regresé a Martínez en un colectivo de la línea 60. Me asombró, cuando subimos hacia el alto luego de dejar atrás las barrancas de Belgrano, una avenida Cabildo repleta de locales vacíos en venta.

Llegué a Martínez y me senté a ver la televisión con mi viejo y alguien más, no recuerdo quién era. El panorama era desolador, pero me recordaba algo familiar: los días del verano del 89. No lo vivía como algo imprevisto o imposible de creer. Tenía el recuerdo adolescente del 89. Los saqueos habían comenzado y se corrían rumores que “hordas” de saqueadores venían a vaciar los comercios de la “zona norte”. Cerraban todos!

A la noche había quedado en juntarme a cenar con unas ex-compañeras de trabajo, en donde había trabajado durante el 97 -justo antes de irme a estudiar afuera. Como era imprevibisible la situación, quedamos en juntarnos en el depa de una de ellas, en el barrio de las Cañitas -ese triangulo ABC1 que se forma entre Avenida del Libertador, Avenida Luis María Campos y el regimiento de patricios-. Estaba el televisor encendido, y recuerdo que pasaban uno tras uno los políticos de la época haciendo declaraciones. Al mismo tiempo, de vez en cuando, se escuchaba el sonido de las cacerolas de los habitantes del “barrio”. Era increíble! No se si alguien lo dijo, lo dije yo, o lo agregué con el recuerdo, pero si en las Cañitas "caceroleaban" y en el Conurbano "saqueaban", el gobierno tenía las horas contadas.

No me olvido más ese escenario televisivo montado en el Hall lateral de la Casa Rosada con un micrófono siempre listo para que el vocero presidencial, el jefe de gabinete o algún ministro se parara y dijera algo. A esa altura todos intercambiábamos anécdotas y chismes del ultimo año, con comentarios políticos sobre el actual gobierno.

Me fui de ahí a la casa de una de mis ex-compañeras, a tomar algo. Si bien la situación nodaba para ver “la tele”, mi “morbo político” no aguantaba y tuve que encenderla. Habían comenzado, en las esquinas, pequeños piquetes, incluso en Belgrano. Me quedé esa noche “charlando” y tomando algo, y ya no recuerdo que más! Pero a las 6 de la mañana antes de regresarme a San Isidro, me fui a dar una vuelta por el centro. Era “el país de las ultimas cosas” de Paul Auster... a la tarde del otro día el presidente volaba en helicóptero desde la Casa Rosada hacia su final...

lunes, 5 de diciembre de 2011

Dificultades para movilizarse en Quilmes


"En el gobierno (sic) de Duhalde, la policía inventaba para atemorizar a la gente que venían de otros barrios a saquear las casas y toda la gente cortaba en sus barrios las esquinas.. Yo vivía en la zona de Quilmes salía de trabajar de aquí, de la Capital, a las 9 de la noche y llegaba a las 2 de la mañana a mi casa. Era una cosa de caminar y caminar porque estaban todas las esquinas cortadas, no teníamos medios de transporte. "

Abel

viernes, 2 de diciembre de 2011

"Ohhh, que se vayan todos, que no quede ni uno solo..."

Si bien algunos recuerdos me resultan borrosos, ese día fue especial… Para mí y para todos los argentinos.
Los hechos conocidos por todos, la debacle, los saqueos, todo se iba a la mierda. Que iba a pasar después del 2001, nadie sabía.
El día comenzó raro, en villa real (barrio que actualmente vivo) ya se estaba gestando algo desde hace tiempo. A raíz de la compra de un pedazo de plaza, llevado a cabo por una empresa privada, los vecinos se juntaron, antes del 20 de diciembre. Solo  para recuperar la plaza, que casi termina siendo para unos pocos.
En ese entonces yo estaba en 7mo grado de una escuela pública y con algunos de mis compañeros (Aquellos que los padres tenían un poco de conciencia social) participábamos de las asambleas por la plaza. No entendíamos nada de política, pero era nuestra plaza, ahí jugábamos todos los días, no queríamos que nos la saquen…
En fin, el 19 de diciembre encontró a algunos sectores de Villa Real, unidos. Ese día, a la noche salimos todos, TODOS los vecinos de uno de los barrios más chicos de Capital Federal. Mi hermana en camisón, yo con mi pijama y mi abuela con una cacerola. Destrozada, icono de una época en la que había para comer.
Se hablaba y cantaba, que se vayan todos y se coreaba cuando nuestro presidente dictaba su renuncia. Yo cantaba, gritaba. Y en mi inconsciencia de adolescente, no entendía por que alguien salía corriendo del supermercadito.
Todo el barrio reclamaba al ritmo de bombos y cacerolas. Las chicas bailaban, los niños caminaban medio dormidos, arrastrados por sus padres sometidos a una realidad económica insostenible.
Y se cantaba el himno, como reflejo de una argentina destruida.
Hoy, con 23 años, esta escena me da tristeza, yo, con mi buzo de egresados y mi pijama, sosteniendo una pava que mi padre me dio para golpear. Como si fuese un mal recuerdo… lejano... aunque no tanto…

Aldana Avella @aldyavella