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martes, 20 de diciembre de 2011

"Qué pasa, tanto ruido. Se va a despertar el bebé"

En efecto, la noche del 19 de diciembre nos encontró a mí y a mi señora intentando salir de la habitación donde recién se dormía, en ese entonces, nuestro bebé. De repente, entre la tele que estaba puesta en canal 13 "TN Investiga", en directo desde Constitución (a unas cuadras nomás de casa) donde María Laura Santillán y Juan Michelli intentaron elaborar un programa relacionado con los saqueos; y el espontáneo concierto de cacerolas... todo cambió.

El 20 de diciembre arrancó siendo un conjunto de sensaciones. Yo me encontraba haciendo un balance de un año en el que cayeron las torres gemelas, la invasión a Afganistán, los saqueos y el pobre coreano que se suicidó (víctima de su propia impotencia), la empresa en la que me encontraba trabajando en convocatoria de acreedores (víctima de la actualidad económica, pero más aun de un vaciamiento realizado por el Excell Group, Musimundo), y para rematarla, De la Rua anunciando el estado de Sitio. Qué revolución que había dentro de mi cabeza! Cuántas sensaciones.

De repente una contradicción matadora: "Yo te voté De la Rúa, para sacarlo a Menem... y así nos pagás". Qué sentimiento de angustia!

Recuerdo algún amigo preguntándome si me sumaba a la movilización. Debo reconocer que, junto con mi mujer, coincidimos en no ir dadas las impresionantes imágenes de represión que mostraba la televisión. No me arrepiento de nuestra decisión, pues fue para no exponernos en función de que nuestro primer hijo era muy bebito.

A 10 años, pocas cosas parecen haber cambiado. Seguimos pidiendo respuestas. Muchas caras desagradablemente conocidas siguen estando. "Que se vayan todos, que no quede ni un solo" de quienes le hicieron esto a mi país.
Marcelo Maqueda, @marcelomaqueda, Libres del Sur Comuna 4

"El Cacerolazo nos agarró vestidas para ir a bailar"

El 19 estuvimos casi todo el día en Villa Corina (Avellaneda) reunidos con los chicos y las chicas del barrio , compañeros/as militantes de Patria Libre y Venceremos y algunas amigas que habían venido a colaborar en la organización del comedor y en la preparación de unas jornadas solidarias que estábamos por hacer.
También, con tres de las chicas que eran amigas y militantes, nos preparábamos para ir a bailar a la noche sin prever el discurso de De la Rúa, ni el estado de sitio, ni el cacerolazo, ni nada (¡Éramos tan jóvenes!).
Cuando empezó el cacerolazo nos pusimos a caminar hacia Capital porque no había colectivos ni nada y nos quedamos a dormir en un local de Patria Libre.
El 20 estuvimos con los compañeros y compañeras dando vuelta por todos lados, íbamos de Plaza de Mayo a Congreso, de Congreso a Plaza de Mayo, nos enfrentábamos a la represión, corríamos entre gases y balas que después supimos no eran todas de goma, ayudábamos a los que no podían seguir porque se ahogaban o estaban lastimados, conseguíamos limones y pañuelos gracias a la solidaridad de los cientos de jóvenes que se sumaron a la pelea y de algunos vecinos y vecinas que aportaban lo que podían. Así estuvimos hasta que De la Rúa se escapó en el helicóptero dejando muertos y heridos a los que todavía hoy seguimos recordando.
Hicimos todo eso con la ropa que nos habíamos puesto para ir a bailar.

Victoria Donda, @Vikidonda

"A diez años de aquellos diez días"

A diez años de aquellos diez días

El lunes 17 de diciembre cargue mi mochila con un termo, algo de yerba y partí junto a dos amigos, enfermos de Racing como yo rumbo a la cancha en busca de tres entradas. Metimos la carpa en el Ford Sierra que nos llevaba a todos los estadios y realizamos el mismo camino de cada domingo desde San Andrés hasta Avellaneda. Al llegar al Cilindro, cerca del mediodía, solo diez personas estaban en la fila.
Había pedido dos días en el puesto de diario que laburaba, mi compañero Adrian, hijo de los dueños me los había concedido. Prometí estar allí el miércoles al mediodía, ya que a las once arrancaba la venta de entradas y sabia que tendría un lugar privilegiado.

La tarde y la noche del lunes transcurrieron con tranquilidad entre mates y cervezas. El martes el panorama era un tanto más bravo, miles de personas formaban una fila bien ancha y desordenada que tenia mas de mil metros de longitud. Había clima de fiesta pero también de preocupación porque la fila se convirtiera en una gran masa humana frente a las boleterías.

La mañana del miércoles salí retratado en la portada del diario Ole bajo el titulo “La carpa del amor”. Un par de horas después obtuve las tres entradas que había ido a buscar, las resguarde bien y ya arriba del 17 rumbo a mi laburo las miraba sin poder creerlo.

Esa tarde tenia reunión con compañeros de otras facultades de la UBA, discutimos la real posibilidad de participar de un frente electoral para arrebatarle la FUBA a la Franja Morada, los números daban, era posible sacar al radicalismo de la conducción de la Federación. Estaban allí enquistados desde la vuelta a la democracia, pero la crisis política y de representación por un lado y la resistencia y nuevas formas de las agrupaciones estudiantiles por otro, lograron que perdieron algunos Centros de Estudiantes claves.

Cuando la misma estaba finalizando se filtraba por las ventanas el repique de vaya a saber que. Momentos después salimos hacia la CTA Capital donde decenas de vecinos cortaban la intersección de Independencia y Piedras. Llegaban llamados a los pocos celulares que había en ese entonces avisando que había gente en los alrededores del Congreso y de Plaza de Mayo. Momentos después la columna un tanto alborotada partió por Independencia, algunos siguieron hacia el congreso, otros doblamos por Salta y enfilamos hacia Avenida de Mayo. El destino era la Plaza de Mayo.


Esas nueve cuadras estaban vestidas de vecinas con sus cacerolas y pibes con redoblantes. La marea humana, densa y de paso firme que venia desde Congreso por avenida de Mayo jamás la había visto.

En la Plaza todo fue fugaz, de repente estábamos cerca de las vallas, minutos mas tarde bajo las palmeras incendiadas. Perdí a mis compañeros, pero hice algunos nuevos allí en ese momento. La rabia, la furia era palpable, sin embargo recuerdo una situación bastante graciosa, al pedirle una sartén de hierro a una señora y arrojarla varias veces para romper los vidrios del edificio que se encuentra frente al Banco Nación. Sin éxito y tras ir y venir arrojando piedras a la policía, comencé a romper junto a nuevos y fugaces compañeros las ventanas del Ministerio de Economía que se encuentran al ras de la vereda, una vez logrado el cometido, metimos bolsas de basura prendidas fuego.

Esa noche termine de madrugada en el Congreso. Horas mas tarde estaba abriendo el puesto de diario de Corrientes y San Martín, la gente pasaba alborotada, mi sensación era la de una larga batalla.
Solo soporte hasta las 11 hs del 20 de diciembre, avise que no podía quedarme mas y volví para Congreso a reunirme con mis compañeros. Esto aparejo un amable despido, ya no había condiciones para seguir laburando ahí.

En la cuadra de la Fundación de las Madres mientras nos reagrupabamos cruce a Humberto caminando por la calle con una boina que cubria su calva cabeza. Verlo me transmitió confianza y seguridad.

Nos movíamos en grupos reducidos para no llamar la atención de muchos policía de civil que revoloteaba la zona, y las primeras escaramuzas las viví ese día en Avenida de Mayo y Esmeralda, luego en la 9 de Julio y durante varias horas en Diagonal Norte. Me mantuve casi siempre junto a Maxi a quien habia conocido unos meses atrás. Su decisión para avanzar era clave, lo notaba seguro, mostraba el mismo énfasis que en cada gol de Racing. En mi billetera y bajo los gases guardaba su entrada para el partido con Velez.

El refresco llegaba a cada instante, los saqueos en algunos bares eran un acto de justicia. En una de las avanzadas enfrentando a la policía salio un ayudante de cocina de una bar de Diagonal y Maipú con un cajón de limones, repartiendo entre los allí presentes. Gestos de solidaridad como ese abundaron esa tarde.

Mi principal temor radicaba en la azoteas de los edificios, ya sabia que habian tirado con balas de plomo a varios desde allí arriba, sabia que había algunos caídos.

Tenia la mano cortada de tanta piedra sin embargo me reserve los ultimos esfuerzos para darle sin asco a unos carros bajos de la policia que tenian una especie de uña en su frente delantero y pasaban por la 9 de julio velozmente como queriéndonos levantar como “sorete en pala” con la misma.

Yabran nos habrá odiado por como quedo el local de Oca de la esquina de Corriente y Cerrito. Una hora mas tarde corria el rumor, luego efectivo de la huida y renuncia de De la Rua. Los gritos de victoria colectiva jamás los olvidare, eran aliviadores, de triunfo histórico. Sin darnos cuenta quizás que allí enterrábamos parte del modelo.

La retirada victoriosa por Avenida Corrientes, tomando lo que habia a nuestro paso, fue similar a la de aquellos guerreros que se llevan las pertenencias del vencido.

Volví a abrir mi billetera y cerciorarme que las entradas para el partido final allí descansaran.

El 27 de diciembre bajo la lluvia festeje otro triunfo histórico, la vuelta luego de 35 años. Racing lograba hacerme llorar otra vez. Era difícil explicar en ese marco social ese triunfo, esa vuelta. No había que explicarlo, solo sentirlo.

Desde Liniers fuimos en caravana al Obelisco y tras varias horas de festejo, me dirigí a la Facultad de Sociales, en Parque Centenario, donde el Frente 20 de diciembre le arrebataba la FUBA a la Franja Morada.

Pasaron 10 años de aquella inconmensurable alegría intensa vivida en tan solo 10 días.

Diego Bartalotta, @diegobartalotta

sábado, 17 de diciembre de 2011

Hacia la toma de Olivos

Fue el colmo. Se respiraba tensión en la calle. Se sentía el estrés usual del fin de año y bastante más, la teoría apocalíptica del fin del mundo junto con el fin de siglo, ya no se había cumplido. Sin embargo, los argentinos sentíamos que algo pasaría. Y sino, lo provocaríamos. Los saqueos ya habían comenzado, algunos por necesidad, otros por utilidad. La necesidad existía, tenía una cara. Tenía 40millones de rostros desesperados, maniatados, a merced del caos isntitucional. La represión había tomado un cariz novedoso, el 2 de Diciembre se había puesto el límite al retiro de dinero en cajeros automáticos.
Fue el colmo. Ya los bancos habían sido blanco de la ira popular, de la impotencia, actores responsables de la represión moderna y sofisticada de un capital que todo lo puede, casi nunca en sentido positivo, habían sido señalados abiertamente como los responsables de lo que sucedía. Ya no se trataba de ‘tener un laburo’, de ‘llegar a fin de mes’ o ‘ahorrar para’. Había pasado a ser una cuestión de dignidad, de poder acceder a lo propio, al fruto del esfuerzo. Había que pagar la fiesta de otros.
Fue el colmo. Si tenía un manguito, si estaba dentro de la privilegiada porción de argentinos que tenía algo guardado en un banco, ya no era tan seguro que me perteneciera. El saqueo se corporizó, obtuvo una forma manifiesta que no necesitaba interlocutores ni intermediarios. El plan que se había inaugurado con el Consenso de Washington a principios de los 90’ llegaba a su clímax. Un archivo de Word con ‘Las demandas de Washington’, que determinaban la forma en que los países latinoamericanos debíamos administrar nuestras economías, nos había traído hasta aquí; lo nuestro ya no era nuestro. Un archivo de Word, como cualquier otro.
Fue el colmo. Los dólares fugaban, las personas también. Junto con los saqueos al ahorro, marcharon vecinos ,amigos, familiares, que por esos calurosos días de Diciembre hacían largar colas para tramitar pasaportes extranjeros y emigrar a tierras lejanas.
Fue el colmo. La noche del 19 de Diciembre, después de que una multitud hubiera trepado las escalinatas del Congreso con intenciones quién sabe de qué, en medio de la desesperación popular e institucional, Fernando De La Rúa anuncia el Estado de Sitio. ‘Que se vayan todos, que no quede ni uno solo’ al son de las cacerolas ya era el hit del momento. Y el presidente del momento, había decidido llevar la represión al máximo. Ya no sale dinero, ni del país, ni de los cajeros, ni de las billeteras. Tampoco salimos nosotros de casa.
Fue el colmo. Tenía 18 años. Había votado por primera vez en mi vida. Y ya me habían querido decepcionar. En la cara de mis viejos, vi expresiones que no volví a ver. Ellos vivieron en otro momento, la represión manifiesta y de alguna forma u otra mientras hablamos en la mesa familiar antes, durante y poco después del anuncio, fue ‘no puede volver a pasar’. No que el Ejército tomara el poder, sino que volviéramos a perder la libertad.
Fue el colmo. Dijo DeLaRúa; ‘he decidido poner límites a los violentos que se aprovechan de las penurias ajenas’ al anunciar el Estado de Sitio. La violencia estaba en el aire. Violencia era no poder gozar de lo nuestro. Violencia fue llamarle violentos a los violados, estimado Dr. Mientras ud., Doctor, nos llamaba violentos, sus fuerzas de seguridad reprimían con balas de plomo. 40 personas murieron esos días, casi un 25% de ellas, menores de 18 años. Violentos.
Minga. Segundos después del anuncio del Dr.De La Rúa, los argentinos, desobedecimos lo que fue el último acto de gobierno de un presidente que nunca estuvo a la altura de las circunstancias.
Minga. Desde el balcón enrejado de casa veía cómo grupitos de gente, familias, sueltos, grandes, chicos, cochecitos, mascotas, todos, salían con lo puesto y las llaves de casa en la mano a encontrarnos. A decirnos ‘no puede ser’, ‘no queremos esto’, ‘no es justo’. A desautorizar, a deslegitimar una violación abierta a las libertades civiles como las que se estaban cometiendo. Dudé. Había estado en Plaza de Mayo la tarde anterior y cuando la represión comenzó, me fui. Y creo que mal no hice.
Minga. La esquina ya estaba llena, cortada al poco tránsito que había, sin policías cerca. Algunos decían que había gente yendo a Plaza de Mayo, otros al Congreso. Ambos lugares, recientes testigos de la mortal represión que nos trajo hasta acá. Miedo. Muchos no queríamos ir a la Plaza por temor a la represión. Eramos una banda de ‘violentos’ en chancletas, bermudas y musculosa, estudiantes, empleados, profesionales, amas de casa, jóvenes, adolescentes, desocupados y niños que queríamos poner fin al abuso.
Minga. Los ‘violentos’ enfilamos para la Quinta de Olivos. Algo así como; ‘lo vamos a buscar a la casa’. Si incluso alguien mencionó que un grupo de personas iba al domicilio de Cavallo a pedirle la renuncia. Las cosas se encontraban en ese estado, ya no importaba si era el presidente o el Ministro de Economía. Ninguno de ellos nos iba a humillar de esa manera. Estado de Sitio. Minga. Quienes no abandonaron sus casas, igual salían al balcón y se unían al reclamo, dando ánimos, ofreciendo algo de tomar, algo de comer, o simplemente sumándose a los cantos populares.
La paradoja. La burla. Un país entero reclamaba lo mismo. Sin colores, sin distinciones, sin clases. Solamente, ‘violentos’, que luego de haber sido saqueados sus bolsillos, no quisieron quedarse sentados en su casa a ver qué pasaba, como pedía el inoperante presidente del momento.
Encuentro. Cuando llegamos a la quinta, todas las puertas estaban valladas y muchos sectores del paredón que la cerca, estaban copados por grupos de gente, cacerola en mano, gritando ‘oh!,que se vayan todos, que no quede ni uno solo!’. Rumores de que por tal puerta entraría fulano o mengano, algún ministro o gobernador, y comenzaban las corridas. Alguno que intentó trepar el muro y la policía lo detuvo con agua. Más corridas hacia otra puerta, decían que llegaba el Ministro del Interior o Jefe de Gabinete. Yo no vi llegar a nadie. Cavallo ya había renunciado. El Argentinazo estaba triunfando.

@nicodanz
Nico Danziger

lunes, 5 de diciembre de 2011

"Fue un verano muy triste"


"Recuerdo la sensación de angustia y de expectativa que tenía mi mamá".
"Me acuerdo que fui al club y mis amigos estaban contentos porque había renunciado el presidente, y yo tenía la sensación de que eso era algo grave".
"Me acuerdo de ir a comprar con patacones. Eran cono los dólares de mentira en los juegos de mesa".
"Mi mamá era docente y tuvo problemas para cobrar durante muchos meses. Recuerdo haber ido a marchas, en pleno verano, con mucho calor. Fue como muy triste".

Francisco Echevarne