Mariela Fernanda Urigoytea
Las semanas previas al 10º aniversario del 20/12/2001, lanzamos la siguiente consigna: "contanos cómo viviste el 20 de diciembre del 2001. El formato es libre: tweets (#20dic), fotos, videos y relatos (subilos en www.facebook.com/20dic), o mandanos un mail a lab2punto0@gmail.com con tu propuesta". En este blog se almacenan todas las microhistorias que recopilamos en aquellos días.
Mostrando entradas con la etiqueta saqueos. Mostrar todas las entradas
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martes, 20 de diciembre de 2011
"Fue la primera vez que canté el himno con emoción"
soy de caseros, el 19 iba ir al centro, para ayudar a una amiga en un festival de danza, no pudimos porque ya habían empezado los saqueos, nos quedamos mirando la tele todo lo que pasaba, luego volví a mi casa con miedo, observando todos los comercios cerrados, algunos se notaba que habían querido entrar para saquearlos, esa noche fui a un cacerolazo en el centro de mi barrio, recuerdo que cuando termino la asamblea todos los vecinos cantamos el himno nacional en medio de la avenida, creo que fue la vez que para mi cantar el himno fue tan emotivo más tarde participe en otro, esa noche en casa mirabamos en la tv todo lo que pasaba en la plaza de mayo, al otro día cerca del mediodía mi mamá y yo nos decidimos a ir a la plaza con todos, pero cuando vimos los disturbios decidimos quedarnos, la tele no se apago en todo el día, recuerdo que me fuí a dormir un rato a la tarde, me sentía muy mal por todo lo que pasaba, un rato después alrededor de las 18 me desperte y anunciaban de que el presidente renunciaba, vi como todos el helicoptero volando sobre la rosada y la gente muriendo en la plaza en manos de los policias, esa noche fuí al última en acostarme a dormir no podía despegar los ojos de la pantalla del televisor, y luego me puse a llorar, por todo lo que estabamos viviendo y por todo lo que se venía.
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Aún me cuesta creer que "eso" pasó
Solo 15 años, pero lo viví con bastante compromiso. Era una tarde calurosa, en la plaza principal de Lujan; nos divertíamos con una amiga hasta que el miedo de los comerciantes penetró nuestra inocencia. Los saqueos que veíamos por tele, estaban en nuestra ciudad también. Recuerdo el miedo.
Recuerdo también lo que vino después, lo que fue lento pero que penetraba hondo. Una madre docente y un padre recientemente despedido de un sindicato de gastronómicos (entre las tantas paradojas). El miedo a los sueldos de centavos que llegaban sorpresivamente. La bicicleta para ir al colegio, incluso en días de lluvia, porque la única empresa de colectivos ya había desaparecido. Los trueques que se transformaron en el sistema paralelo de millones y en los que algunos podíamos jugar a ser burgueses, aunque sin dolares. La economía de guerra, solo que sin guerra (o si?). Una madre jefa de familia. El temprano despertar de mi vocación, marcado por el triste contexto (lo poco que puedo agradecer). Las asambleas de docentes en mi ciudad a las que asistía acompañando a mi madre y las marchas posteriores por las calles de un pueblo que miraba con hipocresía.
Hoy, miro hacia atrás con miedo. Pero también con sorpresa, porque aún me cuesta creer que "eso" pasó en mi país. Que "eso" fue real.
Y miro el pasado de reojo, para asegurarme de que está ahí, quietito. Porque sé que a "eso", no quiero volver.
Recuerdo también lo que vino después, lo que fue lento pero que penetraba hondo. Una madre docente y un padre recientemente despedido de un sindicato de gastronómicos (entre las tantas paradojas). El miedo a los sueldos de centavos que llegaban sorpresivamente. La bicicleta para ir al colegio, incluso en días de lluvia, porque la única empresa de colectivos ya había desaparecido. Los trueques que se transformaron en el sistema paralelo de millones y en los que algunos podíamos jugar a ser burgueses, aunque sin dolares. La economía de guerra, solo que sin guerra (o si?). Una madre jefa de familia. El temprano despertar de mi vocación, marcado por el triste contexto (lo poco que puedo agradecer). Las asambleas de docentes en mi ciudad a las que asistía acompañando a mi madre y las marchas posteriores por las calles de un pueblo que miraba con hipocresía.
Hoy, miro hacia atrás con miedo. Pero también con sorpresa, porque aún me cuesta creer que "eso" pasó en mi país. Que "eso" fue real.
Y miro el pasado de reojo, para asegurarme de que está ahí, quietito. Porque sé que a "eso", no quiero volver.
Silvana Pérez
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"A diez años de aquellos diez días"
A diez años de aquellos diez días
El lunes 17 de diciembre cargue mi mochila con un termo, algo de yerba y partí junto a dos amigos, enfermos de Racing como yo rumbo a la cancha en busca de tres entradas. Metimos la carpa en el Ford Sierra que nos llevaba a todos los estadios y realizamos el mismo camino de cada domingo desde San Andrés hasta Avellaneda. Al llegar al Cilindro, cerca del mediodía, solo diez personas estaban en la fila.
Había pedido dos días en el puesto de diario que laburaba, mi compañero Adrian, hijo de los dueños me los había concedido. Prometí estar allí el miércoles al mediodía, ya que a las once arrancaba la venta de entradas y sabia que tendría un lugar privilegiado.
La tarde y la noche del lunes transcurrieron con tranquilidad entre mates y cervezas. El martes el panorama era un tanto más bravo, miles de personas formaban una fila bien ancha y desordenada que tenia mas de mil metros de longitud. Había clima de fiesta pero también de preocupación porque la fila se convirtiera en una gran masa humana frente a las boleterías.
La mañana del miércoles salí retratado en la portada del diario Ole bajo el titulo “La carpa del amor”. Un par de horas después obtuve las tres entradas que había ido a buscar, las resguarde bien y ya arriba del 17 rumbo a mi laburo las miraba sin poder creerlo.
Esa tarde tenia reunión con compañeros de otras facultades de la UBA, discutimos la real posibilidad de participar de un frente electoral para arrebatarle la FUBA a la Franja Morada, los números daban, era posible sacar al radicalismo de la conducción de la Federación. Estaban allí enquistados desde la vuelta a la democracia, pero la crisis política y de representación por un lado y la resistencia y nuevas formas de las agrupaciones estudiantiles por otro, lograron que perdieron algunos Centros de Estudiantes claves.
Cuando la misma estaba finalizando se filtraba por las ventanas el repique de vaya a saber que. Momentos después salimos hacia la CTA Capital donde decenas de vecinos cortaban la intersección de Independencia y Piedras. Llegaban llamados a los pocos celulares que había en ese entonces avisando que había gente en los alrededores del Congreso y de Plaza de Mayo. Momentos después la columna un tanto alborotada partió por Independencia, algunos siguieron hacia el congreso, otros doblamos por Salta y enfilamos hacia Avenida de Mayo. El destino era la Plaza de Mayo.
Esas nueve cuadras estaban vestidas de vecinas con sus cacerolas y pibes con redoblantes. La marea humana, densa y de paso firme que venia desde Congreso por avenida de Mayo jamás la había visto.
En la Plaza todo fue fugaz, de repente estábamos cerca de las vallas, minutos mas tarde bajo las palmeras incendiadas. Perdí a mis compañeros, pero hice algunos nuevos allí en ese momento. La rabia, la furia era palpable, sin embargo recuerdo una situación bastante graciosa, al pedirle una sartén de hierro a una señora y arrojarla varias veces para romper los vidrios del edificio que se encuentra frente al Banco Nación. Sin éxito y tras ir y venir arrojando piedras a la policía, comencé a romper junto a nuevos y fugaces compañeros las ventanas del Ministerio de Economía que se encuentran al ras de la vereda, una vez logrado el cometido, metimos bolsas de basura prendidas fuego.
Esa noche termine de madrugada en el Congreso. Horas mas tarde estaba abriendo el puesto de diario de Corrientes y San Martín, la gente pasaba alborotada, mi sensación era la de una larga batalla.
Solo soporte hasta las 11 hs del 20 de diciembre, avise que no podía quedarme mas y volví para Congreso a reunirme con mis compañeros. Esto aparejo un amable despido, ya no había condiciones para seguir laburando ahí.
En la cuadra de la Fundación de las Madres mientras nos reagrupabamos cruce a Humberto caminando por la calle con una boina que cubria su calva cabeza. Verlo me transmitió confianza y seguridad.
Nos movíamos en grupos reducidos para no llamar la atención de muchos policía de civil que revoloteaba la zona, y las primeras escaramuzas las viví ese día en Avenida de Mayo y Esmeralda, luego en la 9 de Julio y durante varias horas en Diagonal Norte. Me mantuve casi siempre junto a Maxi a quien habia conocido unos meses atrás. Su decisión para avanzar era clave, lo notaba seguro, mostraba el mismo énfasis que en cada gol de Racing. En mi billetera y bajo los gases guardaba su entrada para el partido con Velez.
El refresco llegaba a cada instante, los saqueos en algunos bares eran un acto de justicia. En una de las avanzadas enfrentando a la policía salio un ayudante de cocina de una bar de Diagonal y Maipú con un cajón de limones, repartiendo entre los allí presentes. Gestos de solidaridad como ese abundaron esa tarde.
Mi principal temor radicaba en la azoteas de los edificios, ya sabia que habian tirado con balas de plomo a varios desde allí arriba, sabia que había algunos caídos.
Tenia la mano cortada de tanta piedra sin embargo me reserve los ultimos esfuerzos para darle sin asco a unos carros bajos de la policia que tenian una especie de uña en su frente delantero y pasaban por la 9 de julio velozmente como queriéndonos levantar como “sorete en pala” con la misma.
Yabran nos habrá odiado por como quedo el local de Oca de la esquina de Corriente y Cerrito. Una hora mas tarde corria el rumor, luego efectivo de la huida y renuncia de De la Rua. Los gritos de victoria colectiva jamás los olvidare, eran aliviadores, de triunfo histórico. Sin darnos cuenta quizás que allí enterrábamos parte del modelo.
La retirada victoriosa por Avenida Corrientes, tomando lo que habia a nuestro paso, fue similar a la de aquellos guerreros que se llevan las pertenencias del vencido.
Volví a abrir mi billetera y cerciorarme que las entradas para el partido final allí descansaran.
El 27 de diciembre bajo la lluvia festeje otro triunfo histórico, la vuelta luego de 35 años. Racing lograba hacerme llorar otra vez. Era difícil explicar en ese marco social ese triunfo, esa vuelta. No había que explicarlo, solo sentirlo.
Desde Liniers fuimos en caravana al Obelisco y tras varias horas de festejo, me dirigí a la Facultad de Sociales, en Parque Centenario, donde el Frente 20 de diciembre le arrebataba la FUBA a la Franja Morada.
Pasaron 10 años de aquella inconmensurable alegría intensa vivida en tan solo 10 días.
El lunes 17 de diciembre cargue mi mochila con un termo, algo de yerba y partí junto a dos amigos, enfermos de Racing como yo rumbo a la cancha en busca de tres entradas. Metimos la carpa en el Ford Sierra que nos llevaba a todos los estadios y realizamos el mismo camino de cada domingo desde San Andrés hasta Avellaneda. Al llegar al Cilindro, cerca del mediodía, solo diez personas estaban en la fila.
Había pedido dos días en el puesto de diario que laburaba, mi compañero Adrian, hijo de los dueños me los había concedido. Prometí estar allí el miércoles al mediodía, ya que a las once arrancaba la venta de entradas y sabia que tendría un lugar privilegiado.
La tarde y la noche del lunes transcurrieron con tranquilidad entre mates y cervezas. El martes el panorama era un tanto más bravo, miles de personas formaban una fila bien ancha y desordenada que tenia mas de mil metros de longitud. Había clima de fiesta pero también de preocupación porque la fila se convirtiera en una gran masa humana frente a las boleterías.
La mañana del miércoles salí retratado en la portada del diario Ole bajo el titulo “La carpa del amor”. Un par de horas después obtuve las tres entradas que había ido a buscar, las resguarde bien y ya arriba del 17 rumbo a mi laburo las miraba sin poder creerlo.
Esa tarde tenia reunión con compañeros de otras facultades de la UBA, discutimos la real posibilidad de participar de un frente electoral para arrebatarle la FUBA a la Franja Morada, los números daban, era posible sacar al radicalismo de la conducción de la Federación. Estaban allí enquistados desde la vuelta a la democracia, pero la crisis política y de representación por un lado y la resistencia y nuevas formas de las agrupaciones estudiantiles por otro, lograron que perdieron algunos Centros de Estudiantes claves.
Cuando la misma estaba finalizando se filtraba por las ventanas el repique de vaya a saber que. Momentos después salimos hacia la CTA Capital donde decenas de vecinos cortaban la intersección de Independencia y Piedras. Llegaban llamados a los pocos celulares que había en ese entonces avisando que había gente en los alrededores del Congreso y de Plaza de Mayo. Momentos después la columna un tanto alborotada partió por Independencia, algunos siguieron hacia el congreso, otros doblamos por Salta y enfilamos hacia Avenida de Mayo. El destino era la Plaza de Mayo.
Esas nueve cuadras estaban vestidas de vecinas con sus cacerolas y pibes con redoblantes. La marea humana, densa y de paso firme que venia desde Congreso por avenida de Mayo jamás la había visto.
En la Plaza todo fue fugaz, de repente estábamos cerca de las vallas, minutos mas tarde bajo las palmeras incendiadas. Perdí a mis compañeros, pero hice algunos nuevos allí en ese momento. La rabia, la furia era palpable, sin embargo recuerdo una situación bastante graciosa, al pedirle una sartén de hierro a una señora y arrojarla varias veces para romper los vidrios del edificio que se encuentra frente al Banco Nación. Sin éxito y tras ir y venir arrojando piedras a la policía, comencé a romper junto a nuevos y fugaces compañeros las ventanas del Ministerio de Economía que se encuentran al ras de la vereda, una vez logrado el cometido, metimos bolsas de basura prendidas fuego.
Esa noche termine de madrugada en el Congreso. Horas mas tarde estaba abriendo el puesto de diario de Corrientes y San Martín, la gente pasaba alborotada, mi sensación era la de una larga batalla.
Solo soporte hasta las 11 hs del 20 de diciembre, avise que no podía quedarme mas y volví para Congreso a reunirme con mis compañeros. Esto aparejo un amable despido, ya no había condiciones para seguir laburando ahí.
En la cuadra de la Fundación de las Madres mientras nos reagrupabamos cruce a Humberto caminando por la calle con una boina que cubria su calva cabeza. Verlo me transmitió confianza y seguridad.
Nos movíamos en grupos reducidos para no llamar la atención de muchos policía de civil que revoloteaba la zona, y las primeras escaramuzas las viví ese día en Avenida de Mayo y Esmeralda, luego en la 9 de Julio y durante varias horas en Diagonal Norte. Me mantuve casi siempre junto a Maxi a quien habia conocido unos meses atrás. Su decisión para avanzar era clave, lo notaba seguro, mostraba el mismo énfasis que en cada gol de Racing. En mi billetera y bajo los gases guardaba su entrada para el partido con Velez.
El refresco llegaba a cada instante, los saqueos en algunos bares eran un acto de justicia. En una de las avanzadas enfrentando a la policía salio un ayudante de cocina de una bar de Diagonal y Maipú con un cajón de limones, repartiendo entre los allí presentes. Gestos de solidaridad como ese abundaron esa tarde.
Mi principal temor radicaba en la azoteas de los edificios, ya sabia que habian tirado con balas de plomo a varios desde allí arriba, sabia que había algunos caídos.
Tenia la mano cortada de tanta piedra sin embargo me reserve los ultimos esfuerzos para darle sin asco a unos carros bajos de la policia que tenian una especie de uña en su frente delantero y pasaban por la 9 de julio velozmente como queriéndonos levantar como “sorete en pala” con la misma.
Yabran nos habrá odiado por como quedo el local de Oca de la esquina de Corriente y Cerrito. Una hora mas tarde corria el rumor, luego efectivo de la huida y renuncia de De la Rua. Los gritos de victoria colectiva jamás los olvidare, eran aliviadores, de triunfo histórico. Sin darnos cuenta quizás que allí enterrábamos parte del modelo.
La retirada victoriosa por Avenida Corrientes, tomando lo que habia a nuestro paso, fue similar a la de aquellos guerreros que se llevan las pertenencias del vencido.
Volví a abrir mi billetera y cerciorarme que las entradas para el partido final allí descansaran.
El 27 de diciembre bajo la lluvia festeje otro triunfo histórico, la vuelta luego de 35 años. Racing lograba hacerme llorar otra vez. Era difícil explicar en ese marco social ese triunfo, esa vuelta. No había que explicarlo, solo sentirlo.
Desde Liniers fuimos en caravana al Obelisco y tras varias horas de festejo, me dirigí a la Facultad de Sociales, en Parque Centenario, donde el Frente 20 de diciembre le arrebataba la FUBA a la Franja Morada.
Pasaron 10 años de aquella inconmensurable alegría intensa vivida en tan solo 10 días.
Diego Bartalotta, @diegobartalotta
lunes, 19 de diciembre de 2011
"Mi vivencia del 19 y 20"
Indefectiblemente, siempre que empiezo a conocer a alguien le pregunto que estaba haciendo el 19 y 20 de diciembre. Como ese relato me atrae sobremanera, ofrezco mi propia vivencia personal.
Previo a que estallasen las protestas masivas (aunque los movimientos de desocupados ya venían desplegando una actividad furiosa desde el 2000), mis empleadores de la CEPAL habían decidido que yo y los restantes encuestadores nos abstuviésemos de salir a encuestar porque la calle no ofrecía condiciones de seguridad mínimas. Como nos pagaban por cuestionario completo, la noticia no era alentadora. Pero lo cierto es que el clima estaba enrarecido desde bastante antes del 19 y el 20. Caminando las calles del Once con mi portafolio, mi pilón de encuestas y lapicera en mano, he sido testigo de súbitas corridas…no bancarias…corridas de los comerciantes por cerrar sus locales ante rumores de saqueos. Las persianas metálicas iban cayendo una a una, como contagiadas por el furor de la persiana vecina. Siempre suceden estas cosas cuando se acercan las fiestas, se consolaba uno; pero sin llegar a captar la singularidad de lo que se tenía enfrente.
A medida que los ministros de Economía dejaban sus funciones (primero Machinea, para que asumiera Cavallo y anunciase el 13% de recorte para trabajadores estatales y la posibilidad de un arancel en la universidad pública), se aceleraban las reuniones militantes en la Facultad de Sociales. Desde que había ingresado a la facu, el año anterior, militaba de forma independiente. Nos llamábamos Autogestión, nos concentrábamos en la producción autogestiva de apuntes organizando a los cursos (para combatir el sobreprecio que imponía la Secretaría de Apuntes, que visualizaba a la fotocopiadora como un kioskito para que Centro de Estudiantes se financiase, situación que hoy en día se mantiene). Quienes nos miraban de lejos, podrían llegar a describirnos como una mezcla de anarquistas con fumones y seguidores de Manu Chao.
Cuando se anunció el estado de sitio, recuerdo haber conversado del tema con dos compañeros, preocupado, mientras avanzábamos de la plaza Pizzurno hacia la sede de Marcelo T. Llegamos e inmediatamente comentamos las circunstancias fatídicas con otros compañeros. La reunión con la mayor cantidad de gente posible se hacía de imperiosa necesidad.
Recuerdo esa cumbre como si hubiera sido ayer. Había una combinación de pesimismo y presagio de represión, con esperanza insurreccional. Nadie avizoraba la caída de De la Rua que acontecería al día siguiente. Pero de alguna manera se olían los 36 muertos que serían el saldo de esas jornadas. En el debate atesoré cosas insólitas, especialmente de los compañeros más experimentados. Se insistía con que había que repetir los métodos de seguridad de los ’70, a saber: no llevar encima agendas ni números telefónicos, aprenderse los números de los compañeros más cercanos de memoria. Según un experimentado militante del Viejo Topo (cercano a Autogestión) cuando te encontrabas con un compañero se debía dedicar el primer minuto a inventar un tema de conversación inocente, por ejemplo, el resultado del partido entre Boca y Gimnasia de la fecha pasada, con el propósito de que, en caso de que los dos militantes sean requisados e interrogados por la policía en forma separada, poder compadecer con la misma temática inocua.
Eso no era todo. Según el mismo activista (que a esta altura ya me estaba situando mentalmente en los 70 y poniéndome muy tenso) sugería que la facultad (que en breve estaría repleta de servicios) no era un buen lugar para mantener reuniones. Sería preferible reunirse en reducido número en las salas de espera de hospitales. Allí nadie sospechaba de nadie y era más fácil estar seguros y sin vigilancia.
Luego se debatió el momento político y se hizo una lectura sobre los acontecimientos de público conocimiento. Me sorprendió que nuevamente eran las personas ideológicamente más cercanas al marxismo clásico quienes justificaban los saqueos que se habían estado repitiendo desde comienzos de diciembre. “¿Por cuánto tiempo los comerciantes se han apropiado de plusvalía? No se dan cuenta que el margen que obtiene el comerciante se opera por una transferencia de plusvalía de la esfera de la producción a la esfera de la distribución. Los comerciantes, que no son ningunos inocentes, participan, son actores necesarios, en la extracción de la plusvalía de la clase trabajadora”, cerró su fría (férrea) intervención Cecilia, si mal no recuerdo del Viejo Topo. Pero a mí la imagen del chino llorando desconsoladamente en las puertas de su supermercado destruido me indicaba que el argumento de Ceci no podía ser suficiente para dar cuenta de la cruel realidad.
Salí de la reunión apesadumbrado y temeroso. Desconfiando de servicios invisibles y sintiendo que mi destino no podía ser muy distinto al de los Montos chupados y picaneados. Ese día a la noche, me encontraba viendo Lanata con un sabor agrio en la boca y el cuello duro. Cuando de repente oí aquello que era una novedad, pero en los meses siguientes sería la norma: los primeros ruidos de cacerolas. Salí al balcón y no lo podía creer: se estaban reuniendo manifestantes en Cabildo y Lacroze, desafiando el estado de sitio, resistiendo con sus cuerpos a un gobierno moribundo que no se iría sin causar antes el daño suficiente. Rápidamente (y desafiando tanto la autoridad del Estado como la de mi padre que era Ley en mi hogar) enfilé rumbo a la vereda, para acompañar a mis vecinos. Pronto se dirigirían a la entrada de la vivienda de Videla. Parece que el estado de sitio les hizo recordar a Videla antes que a ningún otro. Y sí, tener al mayor hijo de puta viviendo en el coqueto punto de la ciudad de Cabildo y Maure no es para menos.
Esa masa anónima y sin credenciales ni íconos (esto es bastante shockeante y satisfactorio la primera vez que se lo experimenta) se uniría a otra en el camino para finalmente confluir en el Congreso. Fue una verdadera fiesta hasta que fuimos reprimidos. Pero eso se iría instalando como la costumbre. El Año Nuevo del 2001 lo pasé en casa de amigos y compañeros militantes. Brindamos y a las 00:10 ya estábamos cortando Juan B. Justo y San Martín. Semejante festejo anticipaba de forma acabada los días que se vendrían.
Previo a que estallasen las protestas masivas (aunque los movimientos de desocupados ya venían desplegando una actividad furiosa desde el 2000), mis empleadores de la CEPAL habían decidido que yo y los restantes encuestadores nos abstuviésemos de salir a encuestar porque la calle no ofrecía condiciones de seguridad mínimas. Como nos pagaban por cuestionario completo, la noticia no era alentadora. Pero lo cierto es que el clima estaba enrarecido desde bastante antes del 19 y el 20. Caminando las calles del Once con mi portafolio, mi pilón de encuestas y lapicera en mano, he sido testigo de súbitas corridas…no bancarias…corridas de los comerciantes por cerrar sus locales ante rumores de saqueos. Las persianas metálicas iban cayendo una a una, como contagiadas por el furor de la persiana vecina. Siempre suceden estas cosas cuando se acercan las fiestas, se consolaba uno; pero sin llegar a captar la singularidad de lo que se tenía enfrente.
A medida que los ministros de Economía dejaban sus funciones (primero Machinea, para que asumiera Cavallo y anunciase el 13% de recorte para trabajadores estatales y la posibilidad de un arancel en la universidad pública), se aceleraban las reuniones militantes en la Facultad de Sociales. Desde que había ingresado a la facu, el año anterior, militaba de forma independiente. Nos llamábamos Autogestión, nos concentrábamos en la producción autogestiva de apuntes organizando a los cursos (para combatir el sobreprecio que imponía la Secretaría de Apuntes, que visualizaba a la fotocopiadora como un kioskito para que Centro de Estudiantes se financiase, situación que hoy en día se mantiene). Quienes nos miraban de lejos, podrían llegar a describirnos como una mezcla de anarquistas con fumones y seguidores de Manu Chao.
Cuando se anunció el estado de sitio, recuerdo haber conversado del tema con dos compañeros, preocupado, mientras avanzábamos de la plaza Pizzurno hacia la sede de Marcelo T. Llegamos e inmediatamente comentamos las circunstancias fatídicas con otros compañeros. La reunión con la mayor cantidad de gente posible se hacía de imperiosa necesidad.
Recuerdo esa cumbre como si hubiera sido ayer. Había una combinación de pesimismo y presagio de represión, con esperanza insurreccional. Nadie avizoraba la caída de De la Rua que acontecería al día siguiente. Pero de alguna manera se olían los 36 muertos que serían el saldo de esas jornadas. En el debate atesoré cosas insólitas, especialmente de los compañeros más experimentados. Se insistía con que había que repetir los métodos de seguridad de los ’70, a saber: no llevar encima agendas ni números telefónicos, aprenderse los números de los compañeros más cercanos de memoria. Según un experimentado militante del Viejo Topo (cercano a Autogestión) cuando te encontrabas con un compañero se debía dedicar el primer minuto a inventar un tema de conversación inocente, por ejemplo, el resultado del partido entre Boca y Gimnasia de la fecha pasada, con el propósito de que, en caso de que los dos militantes sean requisados e interrogados por la policía en forma separada, poder compadecer con la misma temática inocua.
Eso no era todo. Según el mismo activista (que a esta altura ya me estaba situando mentalmente en los 70 y poniéndome muy tenso) sugería que la facultad (que en breve estaría repleta de servicios) no era un buen lugar para mantener reuniones. Sería preferible reunirse en reducido número en las salas de espera de hospitales. Allí nadie sospechaba de nadie y era más fácil estar seguros y sin vigilancia.
Luego se debatió el momento político y se hizo una lectura sobre los acontecimientos de público conocimiento. Me sorprendió que nuevamente eran las personas ideológicamente más cercanas al marxismo clásico quienes justificaban los saqueos que se habían estado repitiendo desde comienzos de diciembre. “¿Por cuánto tiempo los comerciantes se han apropiado de plusvalía? No se dan cuenta que el margen que obtiene el comerciante se opera por una transferencia de plusvalía de la esfera de la producción a la esfera de la distribución. Los comerciantes, que no son ningunos inocentes, participan, son actores necesarios, en la extracción de la plusvalía de la clase trabajadora”, cerró su fría (férrea) intervención Cecilia, si mal no recuerdo del Viejo Topo. Pero a mí la imagen del chino llorando desconsoladamente en las puertas de su supermercado destruido me indicaba que el argumento de Ceci no podía ser suficiente para dar cuenta de la cruel realidad.
Salí de la reunión apesadumbrado y temeroso. Desconfiando de servicios invisibles y sintiendo que mi destino no podía ser muy distinto al de los Montos chupados y picaneados. Ese día a la noche, me encontraba viendo Lanata con un sabor agrio en la boca y el cuello duro. Cuando de repente oí aquello que era una novedad, pero en los meses siguientes sería la norma: los primeros ruidos de cacerolas. Salí al balcón y no lo podía creer: se estaban reuniendo manifestantes en Cabildo y Lacroze, desafiando el estado de sitio, resistiendo con sus cuerpos a un gobierno moribundo que no se iría sin causar antes el daño suficiente. Rápidamente (y desafiando tanto la autoridad del Estado como la de mi padre que era Ley en mi hogar) enfilé rumbo a la vereda, para acompañar a mis vecinos. Pronto se dirigirían a la entrada de la vivienda de Videla. Parece que el estado de sitio les hizo recordar a Videla antes que a ningún otro. Y sí, tener al mayor hijo de puta viviendo en el coqueto punto de la ciudad de Cabildo y Maure no es para menos.
Esa masa anónima y sin credenciales ni íconos (esto es bastante shockeante y satisfactorio la primera vez que se lo experimenta) se uniría a otra en el camino para finalmente confluir en el Congreso. Fue una verdadera fiesta hasta que fuimos reprimidos. Pero eso se iría instalando como la costumbre. El Año Nuevo del 2001 lo pasé en casa de amigos y compañeros militantes. Brindamos y a las 00:10 ya estábamos cortando Juan B. Justo y San Martín. Semejante festejo anticipaba de forma acabada los días que se vendrían.
Andrés Kilstein
"Se vienen desde los monoblocks"
Estaba en casa con mi mama y mi hermano, recien terminaba 1º año del polimodal y teniamos que ir a vacunarnos de la hepatitis. Ibamos en el auto camino a San Justo y lo único que se escuchaba era que habia saqueos, que se venian de los monoblocks de la tablada a saquear lo que sea. Recuerdo que me inundaba un miedo enorme, mi mamá me calmaba diciendo que con los saqueos a nosotros no nos iba a pasar nada, mientras que llamaba mi madrina para decir que a la vuelta de la casa, en Ciudadela, había una camioneta azul que llevaba gente a saquear y que les comunicaba por handy donde debían ir. La incertidumbre y el miedo llenaron esos dos días en mi cabeza mientras que se sucedian los cacerolazos, marchas, muertos y el helicoptero volaba cada vez mas lejos de Plaza de Mayo.
Sabrina Foti
sábado, 17 de diciembre de 2011
Mapa de saqueos: "Esto es obra de Duhalde"
Estaba en la oficina con un amigo que conocía muy bien el GBA. En la web de Clarín había un mapa con los lugares donde habían comenzado los saqueos.
Mi amigo, mira el mapa y me dice, fijate "Richard todos los municipios donde hay saqueos son de la Alianza, esto es obra de Duhalde".
Musgrave, en blogger
martes, 13 de diciembre de 2011
"Nos entregaron trabavolantes para defender el espacio de trabajo"
En esa época tenía 21 años y trabajaba para una importante cadena de supermercados, situada en el querido barrio de Monte Castro, como "jefe" de la sección de envíos a domicilio. Honestamente, es el día de hoy que no entiendo como acepté ese cargo (imagino que por falta de dinero) y cómo pude aguantar tanto tiempo a esos tipos.
Hablando de aguantes y des-aguantes, mi historia con respecto a la explosión del 2001 es bastante desagradable. El recuerdo de esa situación es algo que se mantiene aún de manera intensa en mi cabeza.
Recuerdo que en los pasillos del supermercado se hablaba de una inminente "amenaza" provincial, vaticinada por el alto mando del local que, a su vez, repetía como cacatúa lo que los comunicados oficiales de la central emanaban.
Es así que, al mejor estilo "Pandillas de Nueva York", nos entregaron trabavolantes, bates y palos para "defender el espacio de trabajo". Había que cuidar la fortaleza de la soledad.
Pasé, sin exagerar, 36 de las 48 horas que comprendieron el 19 y 20 de diciembre encerrado en ese local. ¿Cuál era el propósito? Qué más... defender el capital y los intereses de unos cuantos que, hoy, se siguen enriqueciendo descaradamente.
¿Por qué no me fuí? Honestamente, no tenía demasiada elección... o me quedaba o "me iban".
Lo peor del caso es que, el resto de los jefes que allí encallaron para defender a "La Patria" utilizaron colchones del local y se acostaron a dormir, mientras que a los más jóvenes (y yo estaba en la lista) nos hicieron trabajar...
Y allí quedé, prácticamente varado en un supermercado desierto que, además, no sufrió de ninguna Amenaza Fantasma. Sólo se escuchó un ruidito en un vidrio a las tres de la mañana. Calculo que fue algún gorrión desorientado.
Qué más decir... una tristeza enorme fue ver por la tv cómo la Plaza de Mayo se convertía en testigo de una masacre total. Del incendio de un país.
Una tristeza es hoy haber sido parte de esa ceremonia estúpida a la que asistí obligado. Una ironía total es que hoy esos sigan ahí mandoneando y manoseando.
Diego Cirulo
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Por TV
El 20 de diciembre de 2001 tenía 11 años.
Me acuerdo que mis viejos estuvieron sentados mirando el noticiero todo el dia.
No podían creer lo que estaba pasando.
Cuando me asomé a la calle, (vivo en un barrio común y corriente en Tigre) ví a los vecinos juntandose en la puerta del almacen con bolsas y changuitos, listos para entrar.
Por suerte no pasó nada.
Recuerdo la cara de miedo de mis viejos cuando se veían los saqueos y las manifestaciónes por la tele.
Me fuí corriendo a mi cuarto a llorar, sin entender que estaba pasando.
Emanuel Gómez Miranda, @emanuelngm, www.disguik.com.ar
Twitter: cacerolazos, saqueos, gases...
@SisiLeonor Leonor Becerra
Yo estuve el 19/12 en el quilombito de Congreso corriendo por las calles esquivando los gases, el #20Dic mi mamá no me dejó salir de casa
@luperaltaa Luciana Peralta
#20dic Con mamá fuimos a sacar fotocopias, todo cerrado, nos cruzamos con saqueadores. Yo 9 años, terrible miedo tenía, pero tamb tristeza.
@dgreynoso Diego Reynoso
de visita en BA, tomando café con amiga. Noche cena en las cañitas, otra amiga. Empezaron cacerolas! No lo podía creer #20dic
@gabisegovia Gabi segovia
@foier #20dic trabajaba para el gobierno italiano en bs as y llamaron de Roma para avisar de los saqueos antes d q iniciaran aca
@FedeBona9Fede Bonavita
#20dic de 2001 escuchaba radio metro mientras veia como saqueaban el chino q tengo enfrente en lugano
@chelologu Marcelo Lo Guzzo
#20Dic jugamos futbol con amigos en Moron Sur, volvimos caminando a medianoche. Vecinos armaban barricadas y quemaban gomas en las esquina
@claudiabril Claudia Urbina
El #20Dic , con mi panza de casi 7 meses de embarazo, golpeé las barandas del balcón, lloré mucho, y le escribí una carta a mi hija x venir.
@franfernandz Francisco Fernandez
#20dic Con un amigo y nuestra juventud intentando participar de una revuelta que sospechábamos importante, aunque nunca tanto
@mqriqno mariano pe
El #20dic estaba trabajando en el mercadito q tenia mi familia con la cortina baja llorando para q no vengan a saquearnos.
@nicodanz Gaudio(sin pastilla)
#20dic En la esquina de casa con vecinos.De repente,empezaron a caminar hacia Provincia.Algunos intentaron trepar los muros de Olivos
Yo estuve el 19/12 en el quilombito de Congreso corriendo por las calles esquivando los gases, el #20Dic mi mamá no me dejó salir de casa
@luperaltaa Luciana Peralta
#20dic Con mamá fuimos a sacar fotocopias, todo cerrado, nos cruzamos con saqueadores. Yo 9 años, terrible miedo tenía, pero tamb tristeza.
@dgreynoso Diego Reynoso
de visita en BA, tomando café con amiga. Noche cena en las cañitas, otra amiga. Empezaron cacerolas! No lo podía creer #20dic
@gabisegovia Gabi segovia
@foier #20dic trabajaba para el gobierno italiano en bs as y llamaron de Roma para avisar de los saqueos antes d q iniciaran aca
@FedeBona9Fede Bonavita
#20dic de 2001 escuchaba radio metro mientras veia como saqueaban el chino q tengo enfrente en lugano
@chelologu Marcelo Lo Guzzo
#20Dic jugamos futbol con amigos en Moron Sur, volvimos caminando a medianoche. Vecinos armaban barricadas y quemaban gomas en las esquina
@claudiabril Claudia Urbina
El #20Dic , con mi panza de casi 7 meses de embarazo, golpeé las barandas del balcón, lloré mucho, y le escribí una carta a mi hija x venir.
@franfernandz Francisco Fernandez
#20dic Con un amigo y nuestra juventud intentando participar de una revuelta que sospechábamos importante, aunque nunca tanto
@mqriqno mariano pe
El #20dic estaba trabajando en el mercadito q tenia mi familia con la cortina baja llorando para q no vengan a saquearnos.
@nicodanz Gaudio(sin pastilla)
#20dic En la esquina de casa con vecinos.De repente,empezaron a caminar hacia Provincia.Algunos intentaron trepar los muros de Olivos
// Entre los vecinos había un gerente de pilotos de Aerolíneas.El que el otro día en el hangar nombró Cristina.Hacía 1 año no cobraba.
Recordando del 19 de diciembre del 2001
Recuerdo que ese confuso, nublado y caluroso día de diciembre, estaba de visita en Buenos Aires y, como cada fin de año por medio que venía a pasar las fiestas con mi familia, aprovechaba para ver a los amigos y ponerme al día con el país. A la tarde salí de la casa de mis padres en Martínez y me tomé el tren hacia Retiro. Me encontré en Callao y Santa Fe con una ex-compañera de doctorado que estaba, también, de visita en Buenos Aires y ese mismo día se regresaba a Rosario. Yo quería volver al país, porque hacía 4 largos años que vivía afuera, pero la charla y el ambiente me respondían que no tenía esa opción. Cuando salimos de esa cafetería los pocos comercios que estaban en pié empezaban a cerrar sus puertas o persianas. Me paré en una florería al costado de una vereda escuchando no me acuerdo que anuncio. Las personas que andaban caminando también paraban a escuchar. Creo que fue del vocero presidencial que decía que el acuerdo con los senadores justicialistas, para un posible co-gobierno, no se había logrado.
Como todo era muy confuso, y además estaba nublado y pesado, regresé a Martínez en un colectivo de la línea 60. Me asombró, cuando subimos hacia el alto luego de dejar atrás las barrancas de Belgrano, una avenida Cabildo repleta de locales vacíos en venta.
Llegué a Martínez y me senté a ver la televisión con mi viejo y alguien más, no recuerdo quién era. El panorama era desolador, pero me recordaba algo familiar: los días del verano del 89. No lo vivía como algo imprevisto o imposible de creer. Tenía el recuerdo adolescente del 89. Los saqueos habían comenzado y se corrían rumores que “hordas” de saqueadores venían a vaciar los comercios de la “zona norte”. Cerraban todos!
A la noche había quedado en juntarme a cenar con unas ex-compañeras de trabajo, en donde había trabajado durante el 97 -justo antes de irme a estudiar afuera. Como era imprevibisible la situación, quedamos en juntarnos en el depa de una de ellas, en el barrio de las Cañitas -ese triangulo ABC1 que se forma entre Avenida del Libertador, Avenida Luis María Campos y el regimiento de patricios-. Estaba el televisor encendido, y recuerdo que pasaban uno tras uno los políticos de la época haciendo declaraciones. Al mismo tiempo, de vez en cuando, se escuchaba el sonido de las cacerolas de los habitantes del “barrio”. Era increíble! No se si alguien lo dijo, lo dije yo, o lo agregué con el recuerdo, pero si en las Cañitas "caceroleaban" y en el Conurbano "saqueaban", el gobierno tenía las horas contadas.
No me olvido más ese escenario televisivo montado en el Hall lateral de la Casa Rosada con un micrófono siempre listo para que el vocero presidencial, el jefe de gabinete o algún ministro se parara y dijera algo. A esa altura todos intercambiábamos anécdotas y chismes del ultimo año, con comentarios políticos sobre el actual gobierno.
Me fui de ahí a la casa de una de mis ex-compañeras, a tomar algo. Si bien la situación nodaba para ver “la tele”, mi “morbo político” no aguantaba y tuve que encenderla. Habían comenzado, en las esquinas, pequeños piquetes, incluso en Belgrano. Me quedé esa noche “charlando” y tomando algo, y ya no recuerdo que más! Pero a las 6 de la mañana antes de regresarme a San Isidro, me fui a dar una vuelta por el centro. Era “el país de las ultimas cosas” de Paul Auster... a la tarde del otro día el presidente volaba en helicóptero desde la Casa Rosada hacia su final...
Diego Reynoso, @dgreynoso. Publicado originalmente en http://votosponderados.blogspot.com/2011/12/recordando-del-19-de-diciembre-del-2001.html
martes, 6 de diciembre de 2011
Saqueos en Pompeya y protestas en Jefatura de Gabinete
"Yo tenía 24 años en 2001 y trabajaba en un puesto de flores en Pompeya. Cuando cerraban los negocios, la gente salía a saquear y se veía cómo venía una multitud de gente; era desesperante".
"Con mi hermano estábamos preocupados porque mi mamá estaba trabajando acá, en la Jefatura de Gabinete de Ministros, porque la gente entraba acá a protestar, a expresar sus problemas".
"Con mi hermano estábamos preocupados porque mi mamá estaba trabajando acá, en la Jefatura de Gabinete de Ministros, porque la gente entraba acá a protestar, a expresar sus problemas".
Marina Distéfano
lunes, 5 de diciembre de 2011
"Están saqueando los negocios"
El 20 de diciembre salía de rendir un final de cine con mis compañeras, habíamos rendido "Montaje" y estábamos un poco dormidas pero con ganas de salir un poco. En ese momento no era "el 20 de diciembre" era el día en que aprobamos montaje y faltaba menos para recibirnos. Se nos ocurrió ir a la galería Bond Street, que solo conocía una de nosotras, así que nos tomamos el colectivo y fuimos. Al llegar nos llamó la atención que estuvieran las persianas cerradas y cuando preguntamos nos dijeron que estaba pasando una combi con gente que saqueaba los negocios. Eso nos pareció bastante raro pero al poco tiempo sonó el celular de mi compañera, era el padre que le advertía que estaban saqueando negocios por Palomar.
Comenzábamos a preocuparnos así que decidimos volver cada una a nuestra casa, yo me tomé el colectivo hasta Ramos Mejía. Cuando pasé por avenida Gaona a la altura de Ciudadela vi la calle llena de mercadería, la verdulería estaba destruida igual que la mueblería. Me puse triste en ese momento, pensé que la situación económica del país estaba bastante mal y que era una pena que se desperdiciaran tantos alimentos.
Cuando estaba llegando a mi casa el colectivo que daba la vuelta a la plaza siguió de largo, el colectivero explicó que estaban saqueando el supermercado Eki y que por eso no iba a pasar.
Llegué de alguna manera y traté de contactarme con amigos y familiares. Recordé una familia amiga que se había ido en la época de la hiperinflación, recordé cómo jugaba con mis amigos que minutos después subieron al avión. La sensación de que en pocos minutos iba a perder un futuro con ellos a quienes sentía como mis hermanos. Esa misma angustia reapareció a modo de pregunta el 20 de diciembre: ¿y ahora quiénes se van a ir?
María Virginia Gallo, http://buenosairesencronicas.blogspot.com
Viajar desde Belgrano y Diagonal Sur hasta Lanús, el 20 de diciembre
"Ese día yo estaba en este mismo edificio, en Belgrano y Diagonal Sur. Afuera, en la calle, la policía en caballos corría a la gente, había piedras, botellas y rompían vidrios".
"Cuando salimos, teníamos que correr y escondernos. Fue muy feo".
"Yo tenía que pasar por Constitución para llegar a Lanús. No tenía dónde meterme, era desesperante. Corrimos hasta Constitución, y en el Coto que está frente a la plaza había saqueos, era horrible".
"Cuando salimos, teníamos que correr y escondernos. Fue muy feo".
"Yo tenía que pasar por Constitución para llegar a Lanús. No tenía dónde meterme, era desesperante. Corrimos hasta Constitución, y en el Coto que está frente a la plaza había saqueos, era horrible".
Cristina Sandoval
"Saquearon el comercio de mi familia"
"Mi familia tiene un supermercado en Junín. Estábamos muy atentos a la situación".
"Entregábamos bolsas con comida para que no hubieran saqueos".
"Bajo de bañarme y me encuentro a mi madre llorando. Habían saqueado uno de los locales".
"No se saquearon alimentos no perecederos. Las góndolas de esos alimentos estaban intactas. Se llevaron ventiladores, cosas de fiesta, plata de las cajas...".
"Mi viejo prendió la luz del local y la gente se empezó a retirar. Él los conocía...".
"Nuestro comercio fue el único saqueado en Junín".
"La policía nos pedía coima de alimentos para ellos. Nos decían que había que darles porque eran los que estaban cuidando".
Julieta
"Entregábamos bolsas con comida para que no hubieran saqueos".
"Bajo de bañarme y me encuentro a mi madre llorando. Habían saqueado uno de los locales".
"No se saquearon alimentos no perecederos. Las góndolas de esos alimentos estaban intactas. Se llevaron ventiladores, cosas de fiesta, plata de las cajas...".
"Mi viejo prendió la luz del local y la gente se empezó a retirar. Él los conocía...".
"Nuestro comercio fue el único saqueado en Junín".
"La policía nos pedía coima de alimentos para ellos. Nos decían que había que darles porque eran los que estaban cuidando".
Julieta
domingo, 4 de diciembre de 2011
sábado, 3 de diciembre de 2011
¿Seguro?
Fui a pagar el seguro. Vencía el 21. La oficina de La Caja estaba cerrada por temor a un saqueo. El 25 me chocaron.
viernes, 2 de diciembre de 2011
"Ohhh, que se vayan todos, que no quede ni uno solo..."
Si bien algunos recuerdos me resultan borrosos, ese día fue especial… Para mí y para todos los argentinos.
Los hechos conocidos por todos, la debacle, los saqueos, todo se iba a la mierda. Que iba a pasar después del 2001, nadie sabía.
El día comenzó raro, en villa real (barrio que actualmente vivo) ya se estaba gestando algo desde hace tiempo. A raíz de la compra de un pedazo de plaza, llevado a cabo por una empresa privada, los vecinos se juntaron, antes del 20 de diciembre. Solo para recuperar la plaza, que casi termina siendo para unos pocos.
En ese entonces yo estaba en 7mo grado de una escuela pública y con algunos de mis compañeros (Aquellos que los padres tenían un poco de conciencia social) participábamos de las asambleas por la plaza. No entendíamos nada de política, pero era nuestra plaza, ahí jugábamos todos los días, no queríamos que nos la saquen…
En fin, el 19 de diciembre encontró a algunos sectores de Villa Real, unidos. Ese día, a la noche salimos todos, TODOS los vecinos de uno de los barrios más chicos de Capital Federal. Mi hermana en camisón, yo con mi pijama y mi abuela con una cacerola. Destrozada, icono de una época en la que había para comer.
Se hablaba y cantaba, que se vayan todos y se coreaba cuando nuestro presidente dictaba su renuncia. Yo cantaba, gritaba. Y en mi inconsciencia de adolescente, no entendía por que alguien salía corriendo del supermercadito.
Todo el barrio reclamaba al ritmo de bombos y cacerolas. Las chicas bailaban, los niños caminaban medio dormidos, arrastrados por sus padres sometidos a una realidad económica insostenible.
Y se cantaba el himno, como reflejo de una argentina destruida.
Hoy, con 23 años, esta escena me da tristeza, yo, con mi buzo de egresados y mi pijama, sosteniendo una pava que mi padre me dio para golpear. Como si fuese un mal recuerdo… lejano... aunque no tanto…
El día comenzó raro, en villa real (barrio que actualmente vivo) ya se estaba gestando algo desde hace tiempo. A raíz de la compra de un pedazo de plaza, llevado a cabo por una empresa privada, los vecinos se juntaron, antes del 20 de diciembre. Solo para recuperar la plaza, que casi termina siendo para unos pocos.
En ese entonces yo estaba en 7mo grado de una escuela pública y con algunos de mis compañeros (Aquellos que los padres tenían un poco de conciencia social) participábamos de las asambleas por la plaza. No entendíamos nada de política, pero era nuestra plaza, ahí jugábamos todos los días, no queríamos que nos la saquen…
En fin, el 19 de diciembre encontró a algunos sectores de Villa Real, unidos. Ese día, a la noche salimos todos, TODOS los vecinos de uno de los barrios más chicos de Capital Federal. Mi hermana en camisón, yo con mi pijama y mi abuela con una cacerola. Destrozada, icono de una época en la que había para comer.
Se hablaba y cantaba, que se vayan todos y se coreaba cuando nuestro presidente dictaba su renuncia. Yo cantaba, gritaba. Y en mi inconsciencia de adolescente, no entendía por que alguien salía corriendo del supermercadito.
Todo el barrio reclamaba al ritmo de bombos y cacerolas. Las chicas bailaban, los niños caminaban medio dormidos, arrastrados por sus padres sometidos a una realidad económica insostenible.
Y se cantaba el himno, como reflejo de una argentina destruida.
Hoy, con 23 años, esta escena me da tristeza, yo, con mi buzo de egresados y mi pijama, sosteniendo una pava que mi padre me dio para golpear. Como si fuese un mal recuerdo… lejano... aunque no tanto…
Aldana Avella @aldyavella
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